Centro de Historia Intelectual, Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Quilmes

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En los márgenes de Orfila.

José Sazbón
y el estructuralismo en Nueva Visión

 

Gustavo Sorá y Andrea Novello 

IDACOR-CONICET-Universidad Nacional de Córdoba

 

 

“Ricardo Piglia […] lo recordaba como ‘el maestro secreto de toda una generación’.”

Horacio Tarcus, “José Sazbón, el último de los humanistas ardientes”

Página/12, “Radar”, 7 de diciembre de 2008

 

“En los primeros años de Anagrama, mis enemigos eran el General Franco y Arnaldo Orfila”

Jordi Herralde, Barcelona, 8 de febrero de 2018,
comunicación personal

 

 Punto de vista

En la Argentina, Alejandro Blanco fue el primer investigador que abordó las correlaciones entre actividad editorial e institucionalización de las ciencias sociales.[1] A partir de las premisas de Lewis Coser, uno de los primeros sociólogos, junto a Robert Escarpit, en echar luz sobre el tema, Blanco subrayó el lugar de la edición en la implantación de una “cultura científica”.[2] También consideró las tesis de Pierre Bourdieu sobre la coacción de la edición en la diferenciación del campo inte-lectual,[3] relación que en América Latina fue pioneramente explorada por Sergio Miceli.[4] Sin desconocer tal genealogía, la consolidación de la sociología de la edición puede ser balizada con “Une révolution conservatrice dans l’édition”, monografía de Pierre Bourdieu publicada en 1998.[5] En sinergia con la historia del libro, legitimada algunos años antes por autores como Roger Chartier, Robert Darnton y Jean-Yves Mollier, tal desarrollo disciplinar permitió pensar la edición según sus fuerzas específicas en la regulación de los juegos culturales, como algo más que una práctica auxiliar al arte de pensar y de escribir.[6] Como ámbito de especialización relativamente reciente, en la dialéctica entre avances empíricos y teóricos es incesante el hallazgo de temas y la imaginación de interrogantes, de significativos capítulos de historia cultural aún vacantes en el espectro de conocimientos disponibles. Es el caso de la editorial Nueva Visión (NV) y su lugar en la recepción del estructuralismo, paradigma de incontestable poder simbólico desde los años 1960.[7] En ese cruce emerge la figura de José Sazbón (Buenos Aires, 1937-2008). Su obra de mediación y la impronta de NV en las apropiaciones del estructuralismo en lengua castellana solo pueden ser interpretadas a la luz de las relaciones de fuerza que entrelazan la traducción de ciencias sociales en la Argentina con los polos mexicano y español.

Nueva Visión y la labor editorial de José Sazbón

Hacia mediados de la década del sesenta la constelación de ideas estructuralistas comenzó a ocupar un importante lugar en el campo intelectual, en la enseñanza de ciencias sociales y en la edición. Su circulación estuvo asociada a ciertas figuras que mediaron y posibilitaron su transmisión. Al comienzo en esferas restringidas de los campos académico e intelectual: en grupos de estudio y a través de la lectura de originales en lenguas extranjeras; en traducciones caseras, fichas de cátedra y artículos editados en revistas. Luego a través de la traducción y la edición de las obras faro del estructuralismo, movimiento intelectual dominado por autores franceses como Claude Lévi-Strauss, Michel Foucault, Jacques Lacan, Roland Barthes o Louis Althusser.[8] Entre estas iniciativas, además de considerar sellos axiales como Eudeba o Paidós, más vinculados al mundo académico, o bien emprendimientos editoriales asociados con la “nueva izquierda intelectual”, como Signos, Jorge Álvarez, Tiempo Contemporáneo o Galerna, el caso de la editorial Nueva Visión, y en ella la labor de José Sazbón, resulta clave para comprender las dinámicas articulaciones entre el campo editorial y el campo intelectual del período.

La fundación de este sello derivó de la revista homónima –NV nueva visión–, incisiva en la expresión intelectual de las vanguardias artísticas de la Buenos Aires de los años cincuenta. Creada en 1951 y publicada hasta 1957, la revista NV modeló debates sobre arquitectura, pintura, escultura, diseño industrial y gráfico.[9] Del círculo de sociabilidad articulado por la revista, en 1955 se desprendió el plan de la editorial Nueva Visión, propuesto por Jorge Grisetti. En un primer período el catálogo se perfiló con obras asociadas a la renovación de la arquitectura y las artes.[10] Sin embargo, series como “Ideas de nuestro tiempo” o “Interciencia” fueron más heterogéneas y entre 1957 y 1960 publicaron traducciones de autores de ciencias sociales y humanidades, como Sociedad y conocimiento, de Vere Gordon Childe, Antropología social, de Edward Evans-Prtichard, Elogio de la filosofi´a. El lenguaje indirecto y las voces del silencio, de Maurice Merleau-Ponty o El Concepto de clases sociales. De Marx a nuestros días, de Georges Gurvitch. El predominio del arte en el catálogo aún era nítido a mediados de los años sesenta. Entre otros emprendimientos conspicuos, Nueva Visión publicó la obra completa de Bertolt Brecht en 15 tomos. Pero hacia fines de esa década, las ciencias sociales y las humanidades ganaron espacio en colecciones como “Cuadernos de Investigación” o “Fichas”, que incluyeron títulos como La imagen histórica de la sociedad de clases, de Alain Touraine, Ideología y aparatos ideológicos de estado, de Louis Althusser, Internacionalización de las relaciones capitalistas y el estado-nacio´n, de Nicos Poulantzas, Reflexiones sobre niños, juguetes, libros infantiles, jóvenes y educación, de Walter Benjamin; o bien títulos de sociólogos e historiadores locales como Estructuras sindicales, volumen colectivo organizado por Torcuato Di Tella, Los intelectuales poli´ticos, volumen compilado por Juan Francisco Marsal, La protesta obrera. Participación de bases y sindicato, de Elizabeth Jelin, entre otros.

Es en este contexto que, hacia 1968, tuvo lugar la incorporación de José Sazbón a la editorial, en donde desplegó la colección El Pensamiento Estructuralista. Proyecto señero en la dinamización de los debates sobre este paradigma en lengua castellana, entre 1969 y 1970 editó doce títulos (véase Tabla 1).

 

 

Con esta serie Sazbón buscaba ordenar y calibrar la profusa bibliografía internacional que por entonces ya había estimulado el estructuralismo desde diversas vertientes disciplinares. El propósito, común entre casi todos los editores “culturales”, era alcanzar a un amplio lectorado, no necesariamente formado o familiarizado con los diversos programas que estimulaba la moda estructuralista.[11] En la colección, el único libro traducido fue The Structural Study of Myth and Totemism, volumen colectivo organizado por Edmund Leach y publicado por la editorial Tavistock (Londres, 1967). El resto de los volúmenes eran composiciones temáticas del propio Sazbón, sobre la base de la traducción de artículos de revistas.[12] En algunos casos el director de la colección redactó capítulos y prefacios así como auspició de traductor en una buena proporción del material.

 

 

Graduado como profesor de Filosofía en la Universidad Nacional de La Plata en 1965, la incipiente carrera académica de José Sazbón lo encontraría los años subsiguientes con becas para investigación otorgadas por la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires, al tiempo que se desempeñaba como profesor auxiliar de la cátedra Sociología General, perteneciente al Departamento de Filosofía de la universidad platense. Las inquietudes que el programa estructuralista despertaba en su proyecto intelectual pueden ser rastreadas en artículos de su autoría publicados por revistas académicas[13] e intelectuales.[14] Pero es hacia 1968 que Sazbón se inicia en la labor editorial, colaborando como compilador y traductor; primero de pequeños sellos, como Quintaria o Nova, antes de incorporarse al proyecto de Nueva Visión, del cual participaría activamente como traductor y director de colecciones hasta 1976.

Es recién en 1970 que Sazbón obtiene una beca del CONICET para proseguir sus estudios de doctorado en la École Normale Supérieure y en la École Pratique des Hautes Études de París, bajo la dirección de Jacques Derrida y Manuel Castells. Su trabajo para la editorial continuó incluso durante su estadía en Francia, entre 1972 y 1974, desde donde enviaba proyectos de libros y traducciones. A su regreso a la Argentina, preparó Mito e Historia en Antropología Estructural, interpretación de la obra de Lévi-Strauss, publicada por Nueva Visión en la serie “Fichas”. En este marco, Sazbón dirigió la colección “Teoría e investigación en las ciencias del hombre”, que se publicó entre 1971 y 1976. En ella estuvo a cargo de la preparación y compilación de títulos como Presencia de Max Weber (1971) y Presencia de Rousseau (1972). La colección también incluyó títulos como El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce y Los intelectuales y la organización de la cultura, de Antonio Gramsci; Sociología de la creación literaria, volumen colectivo que incluyó textos de Lucien Goldmann, Umberto Eco, George Lukács, Jacques Leenhardt; Lingu¨i´stica y comunicacio´n, que incluyó trabajos de Algirdas J. Greimas, Nicolas Ruwet, Thomas Sebeok y otros; o Sexo y represión en la sociedad primitiva, de Bronislaw Malinowski; libros cuya traducción en muchos de los casos estuvo a cargo del mismo Sazbón.

En los márgenes de Orfila o apuntes conclusivos para una perspectiva de campo

¿Cuáles son las causas que impulsan a un profesional de las ciencias sociales o a un intelectual a invertir energías en el medio editorial? ¿Cómo incide la edición en la innovación académica y cultural? ¿Qué problemas heurísticos plantea la competición entre los diferentes mercados de una misma lengua?

Los datos disponibles y la impuesta brevedad de este estudio no permiten un completo desarrollo de esta clase de problemas sociológicos. La “ficha” de este caso apunta un panorama rico y dinámico sobre la ecología cultural que hacia fines de los años sesenta e inicios de los setenta hacía de Buenos Aires un polo de vanguardismo intelectual y editorial a escala iberoamericana. Disponemos de estudios complementarios para avanzar con algunas interpretaciones, “por contraste estructural”. El estructuralismo, no hay dudas, tuvo un centro de dispersión: gravitó sobre la obra de Claude Lévi-Strauss. Eliseo Verón[15] permitió que en un primer momento Eudeba compitiera con el Fondo de Cultura Económica en la edición de los libros de este autor.[16] Pero las obras faro, tanto de Lévi-Strauss como de la mayoría de los representantes del estructuralismo, continuaron siendo editadas en México por aquella editorial y, a partir de 1966, por Siglo XXI. Un análisis detallado de los catálogos de esta segunda editorial permitió constatar su primacía en la edición de obras de Foucault, Barthes, Althusser, Poulantzas, más tarde de Bourdieu, Todorov, etc. Ello se debía al enorme prestigio de que gozaba Arnaldo Orfila Reynal, el director gerente de ambas editoriales mexicanas, entre académicos, intelectuales y por sobre todo los dirigentes de las editoriales francesas por las que salían los títulos de aquellos autores. La audacia intelectual, la extensa red transnacional de colaboradores y de aliados de Orfila, así como su enorme competencia como administrador de empresas, hacía que las editoriales francesas siempre lo eligieran para proponerle las “primeras opciones de edición”. Por aquellos años, en la Argentina existían muchas más editoriales que en México y en términos relativos el mercado cultural era mucho más extenso y diversificado que en el país mesoamericano. Pero el poder sin parangón de Orfila obligaba a que en las otras plazas se refinaran experimentos para la búsqueda de novedades intersticiales o alternativas para participar en el debate y la promoción de los paradigmas en boga, a través de otra clase de ediciones.[17] La colección sobre estructuralismo que produjo José Sazbón a fines de los años sesenta es clara en este sentido. El único título traducido, como vimos, remite a una edición sobre estructuralismo antropológico preparada en Gran Bretaña por Edmund Leach. El resto de los volúmenes conforma un laboratorio de sistemático rastreo, selección y traducción de debates en los que aparece una enorme variedad de autores, disciplinas, temáticas y fuentes originarias de edición. Ello evidencia la vitalidad del medio intelectual argentino, en el cual los ecos del estructuralismo reverberaron “por acción directa”, a través de académicos-editores que convivieron en París con algunos de los autores consagrados de aquel paradigma. Pero al mismo tiempo es un síntoma elocuente de cómo la traducción de ciencias sociales en la Argentina observa una originalidad condicionada por su oposición a sellos mexicanos y españoles más poderosos, por los cuales generalmente se han editado y se editan las obras más conspicuas de los debates en ese campo disciplinar. Otra fue la suerte del psicoanálisis, disciplina para la que la Argentina devino, de la mano de intelectuales-editores como Oscar Masotta,[18] un polo mundial. En México, Siglo XXI solo publicó los Écrits de Lacan, su libro fundamental. Pero todos los pliegues en los que se podría rastrear la implantación de la cultura “psi” en castellano apuntan a un progresivo dominio de sellos argentinos en la promoción de la misma hasta el presente.[19]

No pasamos por alto el hecho de que en el período en que Sazbón desplegó su colección por Nueva Visión, en la Argentina, como en otros países de Iberoamérica, se vivía un oscuro período dictatorial y de violencia política. De manera análoga a experiencias desplegadas por académicos cesanteados en un período democrático como el peronismo, como Gregorio Weinberg en Lautaro y Hachette, o José Luis Romero en Argos, es en tiempos en que la universidad les “cierra las puertas” a determinados grupos de agentes que se observa la reconversión de energías de proyectos creadores de la academia hacia el tablero de la edición.

 

A diferencia de aquellos dos casos de los años cincuenta, al iniciar su colección Sazbón no era un académico consagrado. No estuvo ausente del sistema universitario, pero como reciente egresado y asistente de cátedra, su posición aún era marginal. El caso manifiesta de qué manera su paulatino reconocimiento estuvo asociado a la construcción de un innovador filón editorial, en paralelo al proyecto de problemas de investigación propios en los que fue combinando una moda de aquellos años: estructuralismo y marxismo. El hecho de que su migración formativa a París se hubiera dado a posteriori de la colección, también evidencia esa deriva en la trayectoria. Entre muchas inferencias que podríamos desdoblar de estos hechos, creemos que es necesario que se analice en detalle los grados con que la edición forma un índice específico de consagración académica-intelectual, en distintos lugares y tiempos. No hay dudas de que para Sazbón, como antaño para Gregorio Weinberg y otros, la edición fue un conducto decisivo de sus proyectos intelectuales. Como enuncia el epígrafe de Piglia, el costo es que dicha actividad no suele ser apreciada y reconocida como la función autoral.

Para una completa reconstrucción de las condiciones (posibilidades y limitaciones) bajo las cuales ciertos académicos o escritores consiguen canalizar sus energías creadoras en el medio editorial, es fundamental reconstruir el sistema de relaciones internas en cada sello y las relaciones de campo que determinan las posiciones y los márgenes de maniobra de cada empresa productora de bienes simbólicos. Ello es imprescindible para la progresiva respuesta a interrogantes como los planteados al abrir estas conclusiones. Si lo hacemos aquí y no en la introducción es con la intención de estilizar un modelo explicativo que lleve a pensar las variaciones (nacionales, disciplinares) que observan las relaciones entre edición y ciencias sociales en diferentes tiempos y lugares. ?

Bibliografía

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Zarowsky, Mariano, “Entre la renovación de las ciencias sociales y la intervención intelectual: Eliseo Verón editor en Tiempo Contemporáneo (1969-1974)”, en Palimpsesto, vol. VIII, Nº 11, 2017.



[1] Alejandro Blanco, “Los proyectos editoriales de Gino Germani y los orígenes intelectuales de la sociología en la Argentina”, Buenos Aires, tesis de maestría en Sociología de la Cultura, Universidad Nacional de San Martín, 2002; A. Blanco, Razón y modernidadGino Germani y la sociología en la Argentina, Buenos Aires Siglo XXI, 2006.

 

[2] Lewis Coser, Men of ideas. A sociologist’s point of view, Nueva York, The Free Press, 1965, y Robert Escarpit, La révolution du livre, París, Unesco, 1965.

 

[3] Pierre Bourdieu, “Champ intellectuel et projet créateur”, Les Temps Modernes, Nº 246 (“Problèmes du structuralisme”), 1966, pp. 865-906.

 

[4] Sergio Miceli, Intelectuais e classe dirigente no BrasilSan Pablo, Difel, 1979.

 

[5] Pierre Bourdieu, “Une révolution conservatrice dans l’édition”, Actes de la Recherche en Sciences Sociales Nº 126-127, 1998, pp. 3-27. Dado el perfil colectivo de la obra de Bourdieu, para comprender esa apuesta es importante observar el conjunto de trabajos que acompañaron aquel texto en los dos números (126-127 y 130) que Actes le dedicó a la edición.

 

[6] Sobre la consolidación de los estudios sobre el libro y la edición en la Argentina, véase Gustavo Sorá y Paula Molina Ordóñez, “Book and publishing studies in Argentina: specialization and internationalization”, Lingua Franca. The History of the Book in Translation, Nº 4, 2018 (en prensa). Entre diversos trabajos que dedicamos a la edición de ciencias sociales en Iberoamérica, véanse G. Sorá, “Editores y editoriales de ciencias sociales: un capital específico”, en F. Neiburg y M. Plotkin (comps.), Intelectuales y expertosBuenos Aires, Paidós, 2004, pp. 265-292, y G. Sorá, “Des éclats du Siècle. Unité et désintégration dans lédition hispano-américaine en sciences sociales, en Gisèle Sapiro (dir.), Les Contradictions de la globalisation éditoriale, París, Nouveau Monde, 2009, pp. 93-116.

 

[7] Solo muy recientemente la recepción del estructuralismo fue estudiada en profundidad. Véase, por ejemplo, Andrea Novello, “Lévi-Strauss en Argentina: un estudio sobre sus primeros itinerarios de recepción”, tesis de licenciatura en Antropología, Universidad Nacional de Córdoba, 2017, donde la edición es una esfera particularmente trabajada. Desde la historia intelectual hay trabajos dedicados a la recepción de Louis Althusser (Marcelo Starcenbaun, “El marxismo incómodo: Althusser en la experiencia de Pasado y Presente”, Izquierdas, Nº 11, 2011) y de Michel Foucault (Mariana Canavese, Los usos de Foucault en la Argentina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2014). Sin embargo estas aproximaciones no han tomado a la edición con el peso específico que exigiría una comprensión acabada de las razones por las cuales en nuestra historia cultural circulan y se apropian las obras de los autores faro de este movimiento intelectual.

 

[8] En este trabajo no aludimos al estructuralismo a partir de algún a priori epistemológico. Nos interesa observar cómo la edición se apropió del estructuralismo como forma de clasificación expresiva en colecciones heterogéneas desde un punto de vista intelectual aunque coherentes en diferentes estados de los mercados de bienes simbólicos en Iberoamérica.

 

[9] Federico Deambrosis, Nuevas Visiones, Buenos Aires, Ediciones Infinito, 2011.

 

[10] Entre las primeras colecciones de libros, dirigidas por colaboradores de la revista homónima, encontramos series como “Música contemporánea”, “Arte y Estética” o “Arquitectura contemporánea”.

 

[11] En el Fondo José Sazbón que organizó el CeDInCI, hallamos un documento en el que el director de la colección explicitó algunas ideas de su proyecto: “el creciente interés que un amplio público siente hacia el pensamiento estructuralista y a su vasta aplicación en el campo de las ciencias humanas no ha encontrado, en los países de habla hispana, las iniciativas editoriales adecuadas a esa expectativa”. La colección pretendía llenar ese vacío, “agrupando distintos trabajos en base a su afinidad dentro de cada una de las sub-áreas en que se divide la producción de inspiración estructuralista”.

 

[12] Entre ellas se destacan Esprit, Annales, La Pensée, L’Homme, L’Année Sociologique, Communications, La Nouvelle Critique, Revue Internationale de Philosophie, Studi di Sociologia, Aut-Aut, Word, American Anthropologist, Yale French Studies, New Left Review, Anthropologica y Dialogue.

 

[13] Por ejemplo, J. Sazbón, “El estructuralismo, hoy”, Revista de la Universidad, N° 20-21, UNLP, 1966-1967; y J. Sazbón, “El nuevo humanismo de la antropología estructural”, Revista de la Universidad, N° 22, UNLP, 1970.

 

[14] Por ejemplo, J. Sazbón, “El método de Sartre”, Literatura y Sociedad, Nº 1, 1965, y J. Sazbón, “Qué es el estructuralismo” y “Estructuralismo e Historia”, Los Libros, Nº 2, 1969.

 

[15] La trayectoria y los proyectos desplegados por Eliseo Verón conformaron un capítulo significativo de la historia cultural que aquí abordamos. Verón motorizó, por ejemplo, la traducción de Antropología Estructural, obra clave para el reconocimiento internacional de Claude Lévi-Strauss, que Eudeba publicó en 1968; y supervisó la traducción de Tristes Trópicos, también publicada por Eudeba en 1970. En la editorial Tiempo Contemporáneo dirigió importantes colecciones como “Análisis y Perspectivas” y “Comunicaciones”. Esta última era la versión local de la revista Communications, que Verón editó mediante un convenio exclusivo que gestionó con Éditions du Seuil. Cf. Mariano Zarowsky, “Entre la renovación de las ciencias sociales y la intervención intelectual: Eliseo Verón editor en Tiempo Contemporáneo (1969-1974)”, Palimpsesto, vol. VIII, Nº 11, enero-junio de 2017.

 

[16] Antes de las ediciones de Eudeba, de Claude Lévi-Strauss el FCE había editado El pensamiento Salvaje (1964) y El Totemismo en la actualidad (1965). Luego editó los dos primeros volúmenes de Mitológicas, en 1968 y 1972.

 

[17] Ello también fue así en la gestación del catálogo de la filial argentina de Siglo XXI, cuya producción editorial se inició en 1971. En esta filial, por ejemplo, José Aricó desplegaba la Biblioteca del Pensamiento Socialista, y Héctor Schmucler, también director de Los Libros y formado en Francia con Roland Barthes, realizaba un frenético trabajo de lectura y procura de novedades para diferenciar el catálogo porteño (Gustavo Sorá, Editar desde la izquierda en América Latina. La agitada historia del Fondo de Cultura Económica y de Siglo XXI, Buenos Aires, Siglo XXI, 2017). En la presentación de este libro en Barcelona (8/2/2018), Jordi Herralde, fundador de Anagrama (1969), agregó un testimonio que remata esta observación. En aquellos años, “mis principales enemigos fueron el General Franco y Orfila”. Ante la imposibilidad de arrebatar el privilegio de que gozaba el editor platense, durante años Anagrama proyectó colecciones análogas a las de Nueva Visión, como Cuadernos, compilaciones o apuestas en disciplinas marginales como la antropología social británica, principal caja de resonancia del estructuralismo levi-straussiano fuera de Francia.

 

[18] No podemos dejar de apuntar el rol que desempeñó Oscar Masotta en la diferenciación del campo psicoanalítico argentino. En Nueva Visión, Masotta dirigió la colección “Lenguaje y comunicación”, que incluyó, por ejemplo, textos de Jaques Lacan como Las formaciones del inconsciente y El deseo y su interpretación. Junto a otro grupo de intelectuales, en 1971 Masotta creó la serie editorial “Cuadernos Sigmund Freud”, vinculada primero a las actividades del Grupo Lacaniano de Buenos Aires y luego a la Escuela Freudiana de Buenos Aires, medios que rápidamente se convirtieron en referencia obligada de la relectura lacaniana de Freud.

 

[19] Gustavo Sorá y Alejandro Dujovne, “Translation of Western social and human sciences in Argentina. A comparative study of translations from French. English, German, Italian and Portuguese”, en Johan Heilbron, Gustavo Sorá y Thibaud Boncourt (eds.), The Social and Human Sciences in Global Power Relations, Basingstoke, Palgrave-MacMillan, 2018.