Geografía social del ensayo
argentino (1950-1960)
*

 

Alejandro Blanco**

 

Universidad Nacional de Quilmes / conicet

 

I En la segunda mitad de la década de 1950, y en medio de los debates en torno de la “crisis nacional” desencadenados con posterioridad al golpe militar que derrocó el gobierno peronista, el ensayo sociopolítico experimentó en la Argentina una expansión extraordinaria. Una investigación bibliográfica realizada por Juan Francisco Marsal sobre la producción del género durante el período comprendido entre 1955 y 1968 reveló la existencia de un universo de ciento veintiséis escritores con una producción de ciento noventa títulos.[1] Durante esos años de intensa agitación política, la discusión sobre los problemas y desafíos que enfrentó la sociedad argentina estuvo centralizada por este amplio y diverso contingente de productores culturales. ¿Quiénes son los que se lanzaron a escribir sobre los problemas de la Argentina?

La tabla recoge, ciertamente, apenas un fragmento del corpus. Marsal llegó a este último atendiendo fundamentalmente a tres criterios: a) que las obras tratasen de la sociedad y de la política argentinas como un todo; b) que perteneciesen al género ensayo, excluyendo por tanto obras de ficción, poesía, etc., y c) que hubiesen sido publicadas en forma de libro. Como puede verse, el término “ensayo sociopolítico” tiene un sentido muy amplio, que trasciende la distinción –que comenzaría a establecerse precisamente durante esos años– entre “ensayismo” y “ciencia social”, homóloga de la distinción entre “ensayista” y “científico social” (o “sociólogo profesional”). Por esa razón, el corpus de Marsal incluye a unos y a otros, como se advierte al repasar la lista de los nombres incluidos en la tabla. Al plantearse como objetivo revelar esos “grandes problemas” de la Argentina, lo hicieran invocando la autoridad de la ciencia, en unos casos, la experiencia política o la probidad moral, en otros, los autores de estos ensayos estaban desempeñando el papel de image makers, es decir, preparando “para los demás un ‘mapa moral y cognoscitivo del mundo’”.[2] Ese es el principio analítico de unificación de este universo extremadamente diverso de productores culturales.

 

Tabla I: Autores y obras por año de publicación

Autor

Título

Año de
publicación

Mario Amadeo

Ayer, hoy y mañana

1956

José María de Estrada

El legado del nacionalismo

1956

Ezequiel Martínez Estrada

¿Qué es esto? Catilinaria

1956

Ernesto Sabato

El otro rostro del peronismo

1956

Máximo Etchecopar

Esquema de la Argentina

1956

Juan Antonio Solari

Doce años de oprobio

1956

Américo Ghioldi

De la tiranía a la democracia social

1956

Rodolfo Puiggrós

Historia crítica de los partidos políticos

1956

José Luis Romero

Las ideas políticas en la Argentina

1956

Juan José Hernández Arregui

Imperialismo y cultura

1957

Lucio Antonio Robirosa

Fronteras democráticas. Reconstrucción ante el ocaso

1957

Jorge Abelardo Ramos

Revolución y contrarrevolución en la Argentina

1957

Atilio García Mellid

Proceso al liberalismo argentino

1957

Abel Alexis Latendorf

Nuestra América difícil

1957

Emilio Hardoy

Defensa de la responsabilidad

1958

Silvio Frondizi

Doce años de política argentina

1958

Miguel Ángel Cárcano

La sexta república

1958

Luis Reissig

El fin de un ciclo histórico en la Argentina

1958

Bernardo Canal Feijóo

La frustración constitucional

1958

Anselmo González Climent

Argentina sin América

1959

Julio Mafud

El desarraigo argentino

1959

Jorge Enea Spilimbergo

De Yrigoyen a Frondizi

1959

Juan Manuel Saravia

Argentina 1959. Un estudio sociológico

1959

Héctor Agosti

Nación y Cultura

1959

Reynaldo Pastor Atencio

Frente al totalitarismo peronista

1959

Bonifacio del Carril

La crisis argentina. Cómo podría resolverse

1960

A. E. Suhr-Horeis

La Argentina, país en retroceso

1960

Fryda Schultz de Mantovani

La mujer en la vida nacional

1960

Adolfo Sánchez Zinny

Argentina provisoria

1961

Carlos Mastronardi

Formas de la realidad nacional

1961

Marcos Merchensky

Las corrientes ideológicas en la historia argentina

1961

Ángel Perelman

Cómo hicimos el 17 de octubre

1961

Juan José Real

Treinta años de historia argentina

1962

Rogelio Frigerio

Política económica para Argentina

1962

Gino Germani

Política y sociedad para una época de transición

1962

Emilio de Matteis

Análisis de la vida argentina

1962

José Rodríguez Tarditi

La crisis argentina. Moral-política-social-económica

1962

Eduardo Tiscornia

¿Qué pasa con la Argentina?

1962

Octavio Rodríguez Roura

Me duele la Argentina

1963

Marcelo Isacovich

Argentina económica y social

1963

Estanislao del Campo

Confusión en la Argentina

1964

Torcuato Di Tella

El sistema político y la clase obrera

1964

Tulio Halperin Donghi

Argentina en el callejón

1964

Juan José Sebreli

Buenos Aires, vida cotidiana y alienación

1964

Eduardo Astesano

La lucha de clases en la historia argentina

1964

Jaime Fuchs

Argentina: su desarrollo capitalista

1965

Dardo Cúneo

El desencuentro argentino, 1930-1955

1965

Mauricio Lebedinsky

Argentina, estructura y cambio…

1965

Isaac Libenson

Cara y seca de Lenin. Una nueva Argentina para un nuevo mundo

1965

Horacio Lucio Mainar

La República fuerte

1966

Raúl de Tolosa

La Argentina monárquica

1966

Eduardo Roca

Argentina, los grupos dirigentes

1966

Arturo Jauretche

El medio pelo en la sociedad argentina

1966

Rubens Libertario Íscaro

América latina en marcha

1967

Carlos Fayt

Naturaleza del peronismo

1967

Roberto Carri

Sindicatos y poder en la Argentina

1967

José Luis de Imaz

Nosotros, mañana

1968

Federico Pinedo

La Argentina en un cono de sombra

1968

Pedro Orgambide

Yo, argentino

1968

 

Pero ¿de qué regiones del mundo social provienen nuestros ensayistas? ¿Cuáles son sus orígenes familiares? ¿Qué educación recibieron? ¿A qué actividades u ocupaciones se consagraron? ¿Qué tipo de trayectoria social y escolar los condujo a escribir sobre los problemas de la Argentina? Una visión de conjunto de ese universo, derivada de una primera tentativa de prosopografía, revela que, aun cuando salidos de las más diversas regiones del mundo social, la mayoría de ellos proviene, en proporciones casi similares, de las clases altas y de las fracciones elevadas de la clase media (hijos de grandes propietarios, de empresarios, de profesionales y de políticos), por un lado, y de la clase media urbana de origen inmigrante (descendientes de empleados y de pequeños comerciantes), por el otro.[3]

 

Tabla II - Origen social de los ensayistas según profesión del padre (en porcentajes)

Propietarios rurales, empresarios y comerciantes

17,5

Políticos profesionales

2,4

Profesores universitarios y/o altos funcionarios

19,7

Cuadro superior privado y profesionales liberales

4,8

Cuadros medios (empleados)

23

Pequeños comerciantes

15,9

Pequeños propietarios rurales

0,9

Artesanos y obreros cualificados

4

Obreros

0,8

N/R*

11

N =

126

 

* No responde.

 

Solamente una mujer integra el amplio repertorio de autores que ensayaron sobre los problemas de la Argentina. Este hecho sorprende si se tiene en cuenta que, hacia ese momento, las brechas en el acceso educativo entre varones y mujeres –incluso en el nivel superior– se habían reducido considerablemente, y con ellas también las diferencias en la posibilidad de sentirse con derecho y autoridad para intervenir en el debate público.[4] Por lo demás, un examen de los colaboradores de las principales revistas literarias y culturales del período comprendido entre 1946 y 1960 revela que, aunque en todos los casos el número de los hombres duplica o triplica el de las mujeres, y aunque solamente cinco de ellas dirigen o integran el consejo de redacción de algunas de esas revistas –Victoria Ocampo, Alicia Eguren, Francis Korn, Ana María Barrenechea y Pepita Sabor, excepciones que no parecen disociadas del origen social elevado de algunas de ellas–, las mujeres tienen una participación en este universo que contrasta notablemente con lo que ocurre en el espacio de la producción del ensayo socio-político.[5] Todo lo cual pareciera revelar que para las mujeres las barreras de ingreso a la producción cultural erudita eran más fáciles de franquear tratándose de asuntos literarios, o de cultura en general, antes que de asuntos concernientes a la política y al poder.   

Monopolizado por hombres, el 80% cursó estudios universitarios, aunque un 14% no consiguió graduarse (véase Tabla III). Solo el 20% del universo tuvo un padre con educación universitaria, lo que revela que la mayor proporción está constituida por universitarios de primera generación, indicador de una relativa expansión de las oportunidades educativas a ese nivel máximo de formación y/o titulación.

 

Tabla III: Nivel de estudios de los ensayistas (en porcentajes)

 

Estudios superiores universitarios

66,6

Estudios superiores universitarios incompletos

13,5

Estudios superiores terciarios

4

Secundaria

4

Secundaria incompleta

2,4

Primaria

6,3

N/R*

3,2

N =

126

 

* No responde.

 

El examen de sus trayectorias profesionales sugiere la existencia de un estatus ocupacional mixto, mitad hombres públicos (políticos y funcionarios), mitad productores culturales (escritores, periodistas y profesores universitarios). Suerte de agentes dobles o con doble vida, divididos entre dos mundos, y en ninguno de ellos del todo aceptados: considerados políticos por los escritores, son a su vez considerados como escritores por los políticos. Una gran parte de ellos están consagrados a actividades de representación en diferentes frentes de actuación pública y privada –Estado, empresas, bancos, y sindicatos– y a la producción intelectual en diferentes esferas de expresión (universidad, periodismo, prensa partidaria). Ese tipo de trayectoria ocupacional puede comprenderse en parte a la luz de la naturaleza del diploma que ostenta la gran mayoría de nuestros ensayistas: el 60% cursó estudios de Derecho –y se sabe que la profesión jurídica da acceso a esas diferentes actividades de representación–.[6]

Las inversiones intelectuales de nuestros ensayistas y/o su consagración, con grados diferentes de intensidad, a la producción intelectual parecieran estar asociadas, por un lado, a la presencia que el sistema escolar tiene en el universo familiar por intermediación de la ocupación de familiares directos (padres y/o hermanos) y/o indirectos (tíos, abuelos) y, por el otro, a la conquista, fuertemente correlacionada con la condición de hijos únicos o primogénitos de la fratría, de una serie de triunfos intelectuales (graduación precoz, becas, premios, encargos, etc.), que son el testimonio de una relación con los estudios diferente de aquella del promedio de los estudiantes.[7] Profesores, miembros de las grandes instituciones académicas, altos funcionarios del sistema educativo, maestros, pedagogos, directores e inspectores de escuelas pueblan las experiencias de la primera socialización de muchos de nuestros ensayistas. En algunos casos, esa presencia gravitante del sistema escolar se prolongaría más tarde en la vida adulta mediante alianzas matrimoniales contraídas con cuadros orgánicos del sistema educativo.

 

Tabla IV: Naturaleza de los estudios superiores de los ensayistas (en porcentajes)

Derecho

60,4

Filosofía y Letras (humanidades)

12,2

Economía

7,5

Medicina

7,5

Ingeniería

1,9

Teología

1

Militar

2,8

Arquitectura

2,8

Artes

1

Magisterio

1,9

Ciencias

1

N =

126

 

El ensayismo que practicaron, que fue sobre todo político, pareciera estar conectado con algunas propiedades o características, tanto de origen familiar como de trayectoria. Al menos poco más de un tercio proviene de familias en las que la política ha estado siempre presente por intermedio de la ocupación de sus padres o de otros miembros de la familia ampliada. Asimismo, y aunque todavía incompleto, el examen de sus trayectorias sociales muestra que al menos dos tercios tuvo militancia política, sea en asociaciones estudiantiles, en partidos políticos, en asociaciones gremiales o en instituciones confesionales, incorporando disposiciones a la acción y al liderazgo político e intelectual que más tarde encontrarían posibilidades de actualización en las posiciones ocupadas en el campo político y cultural, sea como dirigentes políticos o directores de los órganos de opinión y de las editoriales de los partidos políticos, sea como líderes de opinión de los grandes diarios y revistas políticas.

Poco más de la mitad de nuestros ensayistas nació en la ciudad de Buenos Aires y algo más de un tercio en el interior. Los porteños están sobrerrepresentados en el género, pues nacieron en una ciudad que por entonces no reunía más que el 17,7% de la población total del país (véase Tabla V).[8] Aunque la información disponible sobre la educación media de nuestros ensayistas cubre aproximadamente la mitad del universo de análisis, los datos revelan que la mayor parte fue educada en un mismo tipo de institución educativa, el Colegio Nacional, que preparaba para el ingreso a la universidad o para cargos en la administración pública.[9] Pero el dato más sorprendente es que el 80% (incluyendo a más de la mitad de los provincianos) cursó sus estudios universitarios en una misma institución, la Universidad de Buenos Aires, la más grande e importante del país, y para la gran mayoría de ellos la ciudad fue lugar de residencia y de desarrollo profesional –casi el 70% de un total de 85 domicilios relevados hasta el momento están localizados en la ciudad–, lo que pone de manifiesto el alto grado de concentración geográfica de esta categoría particular de productores culturales, surgida de un puñado de instituciones educativas geográficamente concentradas en la Ciudad de Buenos Aires (véase Tabla VI).[10]

 

Tabla V: Origen geográfico de los ensayistas (en porcentajes)

Ciudad de
Buenos Aires

Gran Buenos Aires y La Plata

Provincias

Extranjero

NR*

51,6

6,3

35,7

4

2,4

 

* No responde.

 

Tabla VI: Lugar de realización de los estudios superiores
(en porcentajes)

Universidad de Buenos Aires

81

Universidades del interior (unlp, unl, unt y unc)*

15

Universidades del exterior

2

N/R*

2

N =

126

 

* unlp: Universidad Nacional de La Plata

unl: Universidad Nacional del Litoral

unt: Universidad Nacional de Tucumán

unc: Universidad Nacional de Córdoba

** No responde

 

¿Cómo explicar esa concentración tan pronunciada? Centro histórico de la vida política e intelectual, la Ciudad de Buenos Aires parecía ofrecer por entonces el escenario más propicio para el perfil promedio de nuestros ensayistas, aspirantes a una carrera dividida entre la política y la vida intelectual, así como el entorno perfecto para el arranque del ensayo como género de gran éxito comercial. Sede de las instituciones políticas nacionales y del mercado de bienes culturales más grande del país, Buenos Aires ostenta la tasa más alta de escolarización y, consiguientemente, el volumen más grande de su público lector.[11] Para 1955 la ciudad tiene dos veces más estudiantes secundarios que en 1945, y tres veces más estudiantes universitarios, y concentra el mercado del libro, que hacia la década de 1960 experimenta una notable expansión, duplicando el número de editoriales respecto de la década anterior.[12] Para mediados de esa década la ciudad cuenta con más de cien editoriales en funcionamiento y aproximadamente dos tercios de estas publican a nuestros ensayistas.[13] El ensayo sociopolítico es entonces una literatura producida, distribuida y consumida fundamentalmente en la ciudad de Buenos Aires; un ensayo porteño sobre los impasses del país.

Pero, además, y comparada con la evolución de otras metrópolis latinoamericanas, la de Buenos Aires exhibe un rasgo que la singulariza. En las primeras, y como consecuencia de la reorganización urbana que acompañó la industrialización, los estratos altos tienden a desplazarse del centro hacia la periferia y los estratos más bajos ocupan progresivamente el área central tradicional que, abandonada por la élite, permanece apenas como un inmenso mausoleo de un pasado esplendoroso.[14] A contramano de ese proceso, en Buenos Aires las clases medias y altas se apoderan del centro de la ciudad, que sigue siendo el núcleo de la vida urbana, conservando el brillo, la potencia y el esplendor de siempre.[15] Un dato revelador de su densidad social o dinámica: hacia la década de 1960 la ciudad registra 1509 restaurantes, 2555 bares y cafés, 542 pizzerías y 380 confiterías.[16] ¿Sorprende entonces que nuestros ensayistas estén concentrados en la ciudad? 

Si se acepta que el domicilio y/o la residencia constituyen un componente de la posición social de los agentes en el mundo social, esa concentración ecológica abriría entonces la posibilidad de analizar la distribución socio-espacial de nuestros ensayistas interrogando las posibles relaciones de correspondencia o las afinidades electivas entre sus inscripciones en la geografía de la ciudad, sus posiciones en el espacio social y en el campo de la producción cultural, y sus tomas de posición política e intelectual.[17] Tal el objetivo de este trabajo que, de manera esquemática y sintetizada, procura trazar un mapa, a un mismo tiempo geográfico y social, del ensayo argentino de esos años.

 

 

 

II Cuando observamos la distribución espacial de los ensayistas, tomando como indicador su domicilio, es posible advertir la existencia de cuatro regiones principales en las que están concentrados: una región “centro norte”, una región “norte”, una región “oeste” y una región “centro-sur”, que son, a su vez, regiones de la ciudad socialmente bien diferenciadas.

A este respecto, un estudio del “mapa social” de la ciudad hacia 1960 revela la existencia de “algo así como un gradiente de nivel socioeconómico que, de mayor a menor, diferencia en ese orden a los sectores norte, oeste y sur”.[18] El sector norte, que incluye las regiones “centro norte” y “norte”, se extiende desde Recoleta hasta Belgrano, y agrupa a la población de mayores ingresos de la ciudad. Hacia el oeste (Balvanera, San Cristóbal, Almagro, Caballito, Parque Chacabuco, Flores y Floresta) y hacia el sur (Constitución, Monserrat, San Telmo, La Boca y Barracas) predominan los sectores medios y medios-bajos, aunque en el oeste es posible reconocer conglomerados residenciales de alto nivel socioeconómico (en la línea que va del centro a Flores).

 

 

Todo, o casi todo, opone –en términos de sus “propiedades sociales”– a los ensayistas que residen en esas cuatro diferentes regiones de la ciudad: la edad, el origen social, la trayectoria, la escolaridad, los modos de adquisición de la cultura (por vía escolar o de manera autodidacta), las modalidades de ingreso al campo de la producción cultural, y por tanto, a la profesión de escritor, la ocupación, la relación con los poderes temporales e intelectuales, el estilo de vida, del que la residencia es tan solo uno de sus indicadores, y los estilos de producción ensayística, que sedimentan las relaciones entre todas esas propiedades sociales. 

La región “centro-norte”, que comprende los barrios más elegantes y distinguidos de la ciudad, es el lugar de residencia de los ensayistas de origen social comparativamente más elevado. De atmósfera predominantemente francesa, con sus monumentales palacios Belle époque, es esta la región de la ciudad en que en la época están emplazadas la Facultad de Derecho, el Jockey Club, las embajadas, las principales galerías de arte y, más hacia el centro, la librería de la editorial Kraft, sede de la selecta Asociación Amigos del Libro, la tienda Harrods, depositaria de la alta moda europea, el Museo Nacional de Bellas Artes y el cementerio patricio de la Recoleta. Aquí se amontonan los ensayistas de origen criollo, salidos de familias tradicionales de la ciudad como del interior del país, hijos de políticos, de altos funcionarios y de profesores universitarios.

Polo socialmente más homogéneo, esta región de la ciudad reúne a los herederos: intelectuales y universitarios de segunda y tercera generación; no por acaso, la región concentra la mayor proporción de hijos de profesores universitarios y el mayor número de graduados precoces del universo de nuestros ensayistas. En su gran mayoría formados en derecho en la Universidad de Buenos Aires, algunos de tradición más liberal y conservadora (Miguel Ángel Cárcano [1889-1978], Federico Pinedo [1895-1971], Lucio Robirosa [1900-1991], Emilio Hardoy [1911-1992], Reynaldo Pastor Atencio [1898-1987]), otros inscriptos en el nacionalismo católico (Mario Amadeo [1911-1983], Máximo Etchecopar [1912-2002] y José María de Estrada [1915-1997]), muchos de ellos han pasado por los colegios públicos de mayor jerarquía escolar o por los colegios privados confesionales de mayor jerarquía social.[19] Colaboradores de los grandes diarios como La Prensa y La Nación, dividen su tiempo de consagración a la vida intelectual con numerosos compromisos temporales, especialmente el bufete y la alta función pública. Muchos de los ensayistas que habitan esa región de la ciudad acumulan algunos de los emblemas de la consagración social y temporal: carrera de altos funcionarios, membresía en las grandes academias y en distinguidos clubes sociales (Círculo de Armas, Jockey Club, Golf Club, etc.), inscripción en el Quién es Quién en la Argentina –la mitad de los ensayistas que están registrados en dicho diccionario biográfico viven en esta región de la ciudad– y condecoraciones, buen índice de un alto grado de integración en el orden social como de la relación que los integrantes de esta fracción del espacio tienen con todo lo que es público y oficial.

La alta frecuencia de matrimonios estables y un número comparativamente más elevado de hijos –casi dos tercios tienen tres o más de tres hijos contra dos o menos de dos de los ensayistas de las otras regiones–, fecundidad característica de las grandes familias y de las familias grandes, reforzada por la adhesión notoria al catolicismo de muchos de ellos, confirman algunos de los rasgos de un estilo de vida que exhibe notables afinidades electivas con el de los residentes típicos de ese barrio de la ciudad. En su estudio sobre la clase alta porteña, José Luis de Imaz registró como rasgos característicos su concentración ecológica en el Barrio Norte, su arraigo –cuarta generación de argentinos–, una fecundidad promedio de cuatro hijos, un elevado número de católicos militantes y una manifiesta adhesión a los partidos políticos conservadores (Federación de Partidos del Centro, Partido Cívico Independiente y Partido Demócrata Cristiano).[20] Si la condición de abogado es una propiedad de trayectoria bastante extendida en el universo de los practicantes del género, casi dos tercios de los abogados con bufete están concentrados en esta región de la ciudad, indicador del capital económico y social que ostentan, de los que dependen, como se sabe, las posibilidades de un ejercicio liberal de la profesión jurídica.

En su mayoría descendientes de inmigrantes, los residentes de la región “norte” se diferencian de los de la región “centro norte” por un origen social menos elevado y por trayectorias escolares y profesionales diferentes. Con algunas excepciones, una fracción significativa de ellos se consagró a las humanidades y las ciencias sociales, sea como resultado de estrategias de reconversión de trayectoria (Sergio Bagú [1911-2002], José Luis de Imaz [1928-2008] y Tulio Halperin Donghi [1926-2014] se graduaron en derecho y Torcuato Di Tella [1929-2016] en ingeniería), sea como graduados en esas mismas disciplinas (Gino Germani [1911-1979] lo hizo en filosofía). Es esta la región de la ciudad que concentra a la fracción más distanciada de las instituciones de poder temporal. Profesores de tiempo completo, se distinguen del resto por su entera consagración a la vida universitaria –ninguno de ellos cultivó el periodismo ni ejerció la función pública–. Tienen su base de operaciones en la Facultad de Filosofía y Letras de la uba, ubicada en ese momento en el centro de la ciudad, donde funcionan el Departamento y el Instituto de Sociología, y hacia la década de 1960 se desplazan hacia el barrio de Belgrano, donde un chalé de estilo californiano hospeda al Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Di Tella, situado geográficamente muy próximo a la editorial Paidós, especializada en la promoción y difusión de las nuevas ciencias sociales.[21]

Desde un comienzo, la identidad profesional de esta nueva categoría de productores culturales quedó estrechamente asociada con un intenso compromiso político: el de comprender los orígenes y el significado de la experiencia política peronista para la vida nacional. Aunque investidos de unas competencias y de una autoridad que reclamarían como específica y exclusiva, aunque buscaran afirmar su nueva identidad profesional a partir de una diferenciación con los denominados ensayistas, fue precisamente la naturaleza de aquel compromiso el que acabó arrojándolos a la arena de un debate en que se vieron confrontados con estos últimos.[22]

En la década de 1960 Buenos Aires es una ciudad atestada de sociólogos. En ella están radicadas las dos terceras partes de las carreras de sociología del país, que juntas reúnen el 90% de la matrícula. Más de tres mil quinientos estudiantes cursan la disciplina en las tres carreras más importantes del país –las de la Universidad de Buenos Aires (uba), la Universidad Católica Argentina (uca) y la Universidad del Salvador (usal)–-, la mayoría de ellos en la uba, y el número de graduados supera los trescientos cincuenta.[23] Pero lo que sorprende no es apenas el volumen del fenómeno sino, también, el ritmo de su crecimiento. En 1955 no había carrera de sociología en el país; diez años más tarde, la disciplina podía estudiarse en nueve lugares diferentes y contaba con un número expresivo de graduados y estudiantes. En muy poco tiempo, los científicos sociales, especialmente los sociólogos, han acumulado un envidiable capital de reconocimiento y notoriedad, ganando las páginas de la prensa, y especialmente de los modernos semanarios, que los interpelan para que se pronuncien sobre distintos asuntos –el arte, la moda, la vivienda, el sexo, la política, el peronismo, la pequeña empresa– que interesan a un público de clase media en expansión y ávido de novedades.

Las posiciones de poder conquistadas en el campo universitario por esta nueva fracción de productores culturales y el éxito de público de algunos de sus productos son más que reveladores del grado de consagración y de notoriedad intelectual alcanzados. Hacia mediados de la década de 1960 el semanario Confirmado advertía que “la sociología vende: es negocio, cuenta con una demanda semejante […] a la de obras de ficción y otros géneros muy distintos. […] En 36 meses –continuaba el semanario– se agotó un texto denso y arduo de Gino Germani, Política y sociedad en una época de transición”–que sería reeditado cinco veces en los primeros nueve años–- “y en solo seis meses fueron consumidos los 5000 ejemplares de La sociología en América Latina, del mismo autor”.[24] Meses más tarde, en una nota acerca del éxito comercial del “libro nacional”, el mismo semanario revelaba, recogiendo la opinión de las principales librerías de la ciudad, que “en las librerías de la calle Corrientes –habitualmente visitadas por una mayoría joven de mentalidad izquierdista– las mayores ventas pertenecen a Sebreli y a De Imaz”.[25] Los que mandan, de José Luis de Imaz, publicado en 1964, agotaría su cuarta edición a un año de su lanzamiento y ese mismo año alcanzaba la primera posición en el ranking de los best-sellers.

La región “oeste” reúne a los productores culturales de orígenes sociales más modestos, con menor dotación de capital cultural (poco más de la mitad no cuenta con diploma universitario), algunos con trayectorias escolares interrumpidas (Héctor Agosti [1911-1984], Juan Antonio Solari [1899-1980], Marcelo Isacovich [1924-), y otros con graduación tardía (Salvador F. Busacca [1921-1997] y Jaime J. Fuchs [1920-2021]) o titulaciones de menor grado de jerarquía intelectual (Américo Ghioldi [1899-1984/magisterio), situaciones, todas ellas, no disociadas del origen social de sus agentes. Es esta la región de residencia de un número expresivo de dirigentes políticos y de cuadros intelectuales de los tradicionales partidos de izquierda (Partido Socialista y Partido Comunista), entregados de cuerpo y alma a la organización que los ha consagrado. Maestros y profesores de enseñanza media, dedicados en muchos casos al periodismo, sobre todo partidario, la región reúne también a los hijos de la inmigración, de origen social mesocrático y popular (Arturo Frondizi [1908-1995], hijo de un próspero empresario de origen inmigrante, caso desviante), salidos de familias en proceso de movilidad social ascendente –hijos de pequeños funcionarios o cuadros medios, de artesanos y pequeños comerciantes–. Una fracción importante de los economistas de ese universo, originarios de hogares de pequeños comerciantes y que obtuvieron su educación media en escuelas de comercio, vía regia hacia la Facultad de Ciencias Económicas, reside en esta región (Isacovich, Antonio Cafiero [1922-2014] y Fuchs).[26]

Intelectuales de primera generación han debido pagar con la restricción de la fecundidad unas inversiones intelectuales y políticas que, muy por encima de su condición social, les han permitido ascender socialmente. Agosti, Ghioldi y Solari salieron de familias numerosas, de siete, ocho y cuatro hijos respectivamente, y alteraron drásticamente ese patrón social de reproducción: el primero tuvo dos hijos y apenas uno el segundo y el tercero. En algunos casos, alianzas matrimoniales endogámicas obrarían como un refuerzo de esas inversiones.[27] Han ingresado al oficio y/o a la profesión de escritor por las instituciones de menor jerarquía intelectual: bibliotecas barriales, periódicos, revistas y editoriales de partido y han estado al frente de los principales órganos de prensa y de cultura de sus respectivas organizaciones partidarias.[28] La región está próxima a la zona en la que está emplazado el Congreso de la Nación y la sede de los diferentes partidos políticos y sus organizaciones culturales: la Casa del Pueblo, la cooperativa El Hogar Obrero y el periódico La Vanguardia del Partido Socialista, la Casa de la Cultura Argentina del Partido Comunista y el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical.

Finalmente, la región “centro-sur” de la ciudad se distingue claramente de las tres anteriores por el alto porcentaje de intelectuales libres dado su bajo grado de afiliación a las instituciones de la cultura legítima del campo de la producción cultural (sistema escolar, academias y grandes diarios) o a los órganos de prensa y de cultura de los partidos políticos establecidos (son Eduardo Astesano [1913-1991], Jorge Abelardo Ramos [1921-1994], Jorge Enea Spilimbergo [1928-2004], Juan José Sebreli [1930-2024], Pedro Orgambide [1929-2003] y Ricardo Carpani [1930-1997]). De origen inmigrante y extracción social muy diversa –hijos de propietarios, de profesionales y de cuadros medios o de empleados–, militantes trotskistas unos, con pasado en el Partido Comunista y en el Partido Radical otros, en esta región residen los ensayistas de casamientos tardíos (Silvio Frondizi [1907-1974], Arturo Jauretche [1901-1974] y Rodolfo Puiggrós [1906-1980] se casaron a los cuarenta y dos, treinta y seis y treinta cuatro años respectivamente, cuando la edad promedio de matrimonio era de, aproximadamente, treinta y un años) y fecundidad malthusiana –el 57% tiene dos o menos de dos hijos y casi un tercio no tiene hijos–.[29]

Forzados a crear sus propios medios de difusión (editoriales, revistas y periódicos), no disponen, a diferencia de los establecidos, de una autoridad de función que les dispense de conquistar y confirmar continuamente su legitimidad intelectual. No son profesores universitarios; no tienen cargos en la función pública o en los grandes partidos, ni forman parte de las instituciones del establishment cultural. Su condición de autodidactas con trayectorias de escolaridad interrumpida, diplomados tardíos o con diploma archivado, sus relaciones conflictivas con las instituciones de la cultura legítima, especialmente con el sistema escolar, así como su actuación en las regiones inferiores y/o plebeyas del periodismo cultural y político –varios de ellos colaboraron en órganos de prensa del gobierno y de la resistencia peronistas– parecieran estar en el origen de las actitudes de antielitismo, antiintelectualismo y antiacademicismo que serían características de las tomas de posición intelectual y política de algunos de ellos.[30] En muchos casos, esas actitudes encontrarían un refuerzo en ambiciones y expectativas escolares frustradas, como lo revela su trayectoria interrumpida en prestigiosos establecimientos de educación media, frustraciones posiblemente amplificadas por su condición de hijos únicos o primogénitos de la fratría.[31]

Outsiders o marginales por tales aspectos, habitan el corazón de la vida intelectual y artística porteña, donde están emplazados la Facultad de Filosofía y Letras de la uba, la industria cultural (redacciones de los principales diarios y revistas, las librerías, editoriales, cines y teatros de la ciudad) y los espacios de sociabilidad (bares y confiterías). La región, que también alberga al mundo obrero y popular de la ciudad, especialmente en los barrios de San Telmo, Constitución, La Boca y Barracas, concentra una de las fracciones intelectuales emergentes y más dinámicas del espacio, la de la “nueva izquierda” o “izquierda nacional” y a los ensayistas más prolíficos y de mayor éxito editorial. Tres de ellos, Jauretche, Ramos y Puiggrós acumulan el mayor número de títulos publicados durante el período y tres han alcanzado la condición de best sellers (Ramos, Jauretche y Sebreli).[32] La editorial Peña Lillo, propiedad de un recién llegado al campo (Arturo Peña Lillo [1917-2009]), la librería Del Mar Dulce, propiedad de Ramos, así como los diversos emprendimientos editoriales de este último, especialmente Amerindia y Coyoacán, fueron los principales órganos de difusión y sede de sociabilidad de estos escritores. Unas y otros obrarían como un eficaz rito de agregación que reforzó una identidad de posición hasta entonces puramente negativa de esta fracción de los productores culturales.

Todas las diferencias señaladas hasta aquí, que oponen a los ensayistas de las diferentes regiones de la ciudad, se corresponden a su vez con diferencias en el plano de los estilos de producción, que a su vez guardan ciertas relaciones de afinidad con las divisiones existentes en el espacio de las editoriales que publican a nuestros ensayistas. Así, del mismo modo en que existe un vínculo entre las propiedades o características sociales de los productores, de un lado, y las propiedades o características sociales de sus productos, de otro también existe un vínculo entre las propiedades de los productores y de sus productos y las propiedades de quienes son sus intermediarios, en este caso particular, los editores. Es así que podemos observar una cierta relación de homología estructural entre el espacio de las diferentes editoriales y el espacio de las características sociales de los diferentes ensayistas o productores culturales, que son los autores que escogen esas editoriales. Y es precisamente esa relación de homología estructural la que funda afinidades electivas que hacen que los editores publiquen obras que son del gusto de los autores de su catálogo y que estos se prefieran entre sí.

En las regiones “centro/norte” y “norte”, en las que están sobrerrepresentados los profesores universitarios graduados en derecho y en ciencias sociales, predomina un estilo más erudito y “moderado” del género, sine ira et studio, vehiculizado por las editoriales más tradicionales y con mayor capital simbólico del campo, especializadas en la producción literaria o erudita en sus diferentes áreas, jurídica y humanística (Emecé, Losada, Kraft, Abeledo-Perrot, Eudeba, Fondo de Cultura Económica). En la “región oeste”, dada la alta proporción de políticos e intelectuales de partido, prevalece una versión doctrinaria del género, dictada por las urgencias del día a día de la política nacional y de los vaivenes de la política partidaria, y expuesta a las constricciones ligadas al imperativo de defender la doctrina y las posiciones políticas del partido. La producción de estos escritores es mayormente vehiculizada por editoriales situadas en la base de la pirámide de la jerarquía del prestigio, editoriales de partido o próximas a ellos (Anteo, Quipo, Platina, Cartago, Procyon, Desarrollo, Bases, etc.).

En la región “centro sur” predomina una versión a medio camino entre las dos, dada la condición estatutaria de sus productores, integrantes de formaciones políticas efímeras, animadas y sostenidas por ellos mismos. Aquí es la pequeña editorial la que concentra la difusión de estos productores (Peña Lillo, Coyoacán, Indoamérica, Praxis, Jorge Álvarez, Siglo XX), que escriben un ensayo que mezcla la mordacidad y el tono combativo y polémico del periodismo de la pequeña revista y del pequeño partido con los nuevos lenguajes de las ciencias sociales, el psicoanálisis y especialmente la sociología. Dos libros, El medio pelo. Apuntes de sociología nacional, de Jauretche, y Buenos Aires, vida cotidiana y alienación, de Sebreli, encarnan típicamente estos nuevos experimentos intelectuales.

Las divisiones que caracterizan la estructura de la distribución de los agentes en la geografía de la ciudad se corresponden, por último, con las que podemos reconocer según la estructura de edad de los ensayistas residentes en las diferentes regiones de la ciudad: todo hecho social tiene su demografía. Los que residen en las regiones “centro-sur” y “norte”, que aglutinan, como se ha visto, a las fracciones más dinámicas e innovadoras del género y de mayor éxito comercial, son los más jóvenes del espacio.[33] El 50% y el 28,5% de los ensayistas que viven en estas dos regiones tienen menos de cuarenta años, contra el 15% y el 27% de los que habitan las dos regiones restantes.

Hacia los años sesenta la competencia y las disputas más aguerridas se trabarían entre los científicos sociales y los intelectuales libres. Sus integrantes son también los predicadores de nuevas éticas del oficio en sus respectivos dominios de actuación. Los científicos sociales han conseguido desplazar de la institución universitaria a sus viejos ocupantes –los abogados profesores de Sociología–, imponiendo nuevas reglas del arte sociológico (formación especializada, trabajo de campo, rigor conceptual) y una nueva figura de practicante, la del sociólogo profesional; los intelectuales libres han implantado una nueva forma de producción ensayística, la del “ensayo de orientación sociológica”, aunque en litigio con la sociología profesional, y una nueva figura de escritor, la del “escritor nacional” o del “intelectual nacional y popular”, lo que promueve el “envejecimiento social” acelerado de la izquierda tradicional. 

 

III El mapa, bien lo sabemos, no es el territorio sino una representación de este, pero ofrece instructivas indicaciones para moverse en él. Y lo que podemos percibir a través de él, también lo sabemos, es la extensión y las divisiones de un territorio antes que su profundidad. Quizá no haya otro espacio en el que el juego de las diferencias esté más presente que en el mundo intelectual. El mapa, sin embargo, apenas captura las líneas más gruesas de todas las diferencias que dividen ese mundo.

Aun con esas limitaciones, el mapa del ensayo porteño esbozado hasta aquí ofrece algunas indicaciones que podrían ser posteriormente profundizadas en el cuadro de una historia social e intelectual del ensayo. En principio, revela que la distribución de los ensayistas en la geografía de la ciudad, lejos de ser aleatoria, mantiene ciertas relaciones de correspondencia con la distribución de los agentes tanto en la jerarquía del espacio social como en la jerarquía de las instituciones del campo de la producción cultural. En ese sentido, el mapa exhibe regularidades asombrosas, reuniendo en una misma región, aun con sus casos desviantes, a agentes que comparten un conjunto de propiedades sociales, y segregándolos espacialmente de otros con propiedades sociales diferentes, obrando entonces la localización espacial o lugar de residencia como un factor de refuerzo de la diferenciación social e intelectual dada por el origen social y la trayectoria. Las divisiones y/o distancias espaciales recubren, por tanto, divisiones y/o distancias sociales, que, a su vez, se redoblan en divisiones y/o distancias intelectuales. La vida intelectual tiene su geografía y el examen de esta última proporciona recursos útiles para una mejor comprensión de aquella. El cuadro esbozado revela, asimismo, que las diferencias de origen social y trayectoria están asociadas con diferentes orientaciones intelectuales y políticas que estarán, a su vez, en el principio de los antagonismos que habrían de caracterizar las relaciones entre estos productores culturales socialmente muy diferentes.

A manera de hipótesis a ser explorada en una próxima etapa de la investigación, esas diferentes regiones del espacio estarían asociadas con reacciones intelectuales y emocionales típicas frente al hecho peronista, todas ambivalentes, cada una de ellas más o menos favorable o desfavorable (y de distintas maneras). Aun siendo consciente de su carácter esquemático y provisorio, arriesgo entonces un cuadro sintético de esas reacciones.

Los ensayistas de la izquierda tradicional fueron posiblemente los más perturbados por la experiencia peronista. Un caudillo militar, ajeno a las filas del mundo obrero y hostil a la cultura de izquierda, había conducido la integración de la clase trabajadora a la vida política nacional, arrebatándoles el fundamento de su sociodicea en tanto intelectuales de partido de la clase trabajadora. Aun con sus diferencias, para socialistas y comunistas el peronismo había sido un remedo tardío del fascismo, y en muchos casos sus evaluaciones de la experiencia no irían más allá de reprobaciones de índole política, pero, sobre todo, moral. El modo con que el dirigente socialista Juan Antonio Solari tituló su balance de la experiencia resulta elocuente: Doce años de oprobio (1956). Menos categórico, menos conclusivo, el Agosti de Nación y cultura (1959) buscará comprender el fenómeno peronista como el emergente de una “falta de correspondencia entre cultura y nación”, o como “el divorcio cada vez más profundo entre el pueblo y las minorías encargadas de la dirección y orientación de nuestra cultura”. Y apostará a superar ese divorcio mediante una renovación de la cultura comunista fundada en una perspectiva gramsciana del papel del intelectual.

En Ayer, hoy y mañana (1956) Mario Amadeo sintetizó la opinión dominante de la fracción de los nacionalistas católicos frente al hecho peronista. A su juicio, el advenimiento del nuevo fenómeno político había puesto en crisis tanto los marcos institucionales como las creencias de la Argentina liberal, que Amadeo sintetizaba en el divorcio entre la “Argentina de los dirigentes” y la “Argentina del pueblo”, y había traído a escena una nueva conciencia social en el pueblo, con la que había que contar. El peronismo no era una suerte de pesadilla pasajera, como era convicción en las filas del antiperonismo conservador, ni una variante de totalitarismo o “nazi-fascismo”, como en la de la izquierda tradicional. La respuesta al imperativo de la hora, desperonizar la Argentina, pasaba entonces por integrar a la vida nacional a esa “Argentina del pueblo”, pero cambiando, claro, su lealtad política.

Tampoco para los científicos sociales, y especialmente para su líder intelectual, Gino Germani, el peronismo podía ser asimilado sin más al totalitarismo. En rigor, era la respuesta a una demanda de participación política y social de un nuevo proletariado urbano que, surgido de la industrialización y la urbanización masiva de la década de 1930, no había encontrado un canal de expresión en las organizaciones de clase tradicionales, partidos y sindicatos. No obstante, aquella respuesta –lamentaría Germani– había ocurrido bajo el signo del totalitarismo. El desafío era entonces lograr que esa experiencia de participación política y social que el peronismo había ofrecido a las clases populares fuera ahora canalizada bajo la forma de un régimen político democrático.

En la visión de los ensayistas de la nueva izquierda, articulada fundamentalmente por Revolución y contrarrevolución en la Argentina (1957), de Jorge Abelardo Ramos y por El proletariado en la revolución nacional (1958), de Rodolfo Puiggrós, el peronismo adquiría un significado positivo, sea bajo la forma de una “frente antiimperialista” o de un “movimiento de liberación nacional”. Sus orígenes también se remontaban a la industrialización de la década de 1930, que había dado origen a una burguesía industrial, y sobre todo a una nueva clase obrera, de origen rural que, sin representación en los cuadros tradicionales, encontrarían en las filas nacionalistas del ejército liderado por Perón un instrumento de integración a la vida nacional, aunque al precio de una integración de tipo paternalista que afectaría la independencia política de la clase obrera. Con todo, antes que un desvío o un retroceso, a los ojos de estos escritores el peronismo significaría un momento importante en el camino de la clase trabajadora, el de la nacionalización de su conciencia. La tarea pendiente: promover el encuentro entre socialismo y nación.

 

 

IV Aunque disparada por la agitada coyuntura política abierta con el derrocamiento del peronismo, tanto el volumen como la extensión en el tiempo de esa inusitada explosión del ensayo sociopolítico encontró sus condiciones sociales de posibilidad en el contexto de una fuerte expansión de la escolarización y de la industria editorial, que ensanchó y diversificó el arco del reclutamiento social de los productores culturales, de sus intermediarios (las editoriales) y de su público lector, concentrados, además, en la geografía de una ciudad dinámica y pujante. La intensidad y la polarización características del debate intelectual y político de esos años no parecieran entonces estar disociadas de la estructura de un escenario intelectual que agregó, en un mismo espacio y en un período muy corto de tiempo, a un contingente social e intelectualmente muy variado de productores culturales.  

Significativamente, el ensayo de mayor éxito de librería fue uno consagrado explícitamente a la ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires, vida cotidiana y alienación (1964), de Juan José Sebreli, objeto de un admirable trabajo de Adrián Gorelik, fue publicado en 1964 y agotó ocho ediciones en un año.[34] Por cierto, la ciudad no era una novedad en la tradición ensayística argentina, pero hasta entonces había sido siempre observada a partir de su contraposición con el interior o la campaña, sea para celebrarla como símbolo de la civilización, el progreso o la modernización, sea para condenarla como sede de un materialismo y de un cosmopolitismo amenazante de la cultura nacional. Sebreli, en cambio, enfocó la ciudad en sí misma y trazó un cuadro de la ecología y de los estilos de vida de sus diferentes clases sociales. El mapa trazado por Sebreli es el de una ciudad dividida en tres zonas claramente diferenciadas: una zona norte oligárquica y burguesa, una zona sur en la que el lumpen se mezcla con los obreros y una zona oeste, hábitat de la pequeña burguesía. Acaso sin proponérselo, al objetivar sociológicamente el espacio de la ciudad y de sus fronteras sociales, su autor estaba objetivando, también, el espacio intelectual de los ensayistas y de sus divisiones, la posición de sus oponentes y la suya propia. o

Bibliografía

Álvarez, Emiliano M., “El campo de las revistas culturales y su lugar en la construcción de una nueva legitimidad intelectual: 1946-1960”, tesis doctoral, fcs-uba, 2022.

Blanco, Alejandro, “El Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Di Tella y el proyecto de una ciencia social en sintonía con el mundo”, en Carlos Altamirano, Aventuras de la cultura argentina en el siglo xx, Siglo XXI, 2024, pp. 225-234.

Camp, Roderic Ai, Los intelectuales y el Estado en el México del siglo xx, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 1988.

Cattaruzza, Alejandro, Julio Melon Pirro, Claudio Panella, Mercedes Prol, Darío Pulfer, y Raanan Rein (coords.), Diccionario del peronismo, 1955-1969 (primera entrega), San Martín, unsam-cedinpe, 2021.

—, Diccionario del peronismo, 1955-1969 (segunda entrega), San Martín, unsam-cedinpe, 2022.

Charle, Christophe, “Situation spatiale et position sociale (essai de géographie sociale du champ littéraire à la fin du XIXème siècle)”, Actes de la Recherche en Sciences Sociales, vol. 13, 1977, pp. 45-59.

—, “Pour une histoire sociale des professions juridiques à l’époque contemporaine. Note pour une recherche”, Actes de la Recherche en Sciences Sociales, n° 76-77, 1989, pp. 117-119.

Confirmado, año I, n° 11, 16 de julio de 1965.

Confirmado, año I, n° 16, 19 de agosto de 1965.

Cutolo, Vicente Osvaldo, Historiadores argentinos y americanos (1963-1965), Casa Pardo, Buenos Aires, 1966.

—, Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930), Elche, Buenos Aires (8 volúmenes), 1968.

—, Novísimo diccionario biográfico argentino, 1930-1980, Elche, Buenos Aires, 2004.

De Imaz, José Luis, La clase alta de Buenos Aires, Instituto de Sociología, Universidad de Buenos Aires, 1962.

Eichelbaum de Babini, Ana María, “La desigualdad educacional en la Argentina”, en J. F. Marsal (comp.), Argentina conflictiva. Seis estudios sobre problemas sociales argentinos, Buenos Aires, Paidós, 1972, pp. 19-57.

Escardó, Florencio, Nueva geografía de Buenos Aires, Buenos Aires, Américalee, 1971.

Germani, Gino, Estructura social de la Argentina. Análisis estadístico, Buenos Aires, Raigal, 1955.

—, “Informe preliminar del Instituto de Sociología sobre las encuestas entre estudiantes universitarios”, Centro, n° 12, 1956, pp. 34-46.

Gorelik, Adrián, “El camino que lleva a la ciudad. Juan José Sebreli, una memoria de Buenos Aires”, Políticas de la Memoria, n° 13, Buenos Aires, cedinci, 2013, pp. 257-265.

Goldar, Ernesto, Buenos Aires. Vida cotidiana en la década de 1950, Buenos Aires, Plus Ultra, 1992.

Kratochwill, Germán, “Estado actual de la sociología en Argentina”, Revista Latinoamericana de Sociología, vol. 6, n° 1, 1970, pp. 167-176.

Kratochwill, Germán, Silvia Karp y Sofía Uranga, Frenos económicos y sociales para la educación, Buenos Aires, Líbera, 1967. 

Marsal, Juan Francisco, Contribución a una bibliografía del ensayo argentino y mexicano contemporáneo 1955-1969, Documento de Trabajo número 66, Centro de Investigaciones Sociales, Instituto Torcuato Di Tella, 1969, pp. 1-28, “Introducción”, en J. F. Marsal y otros, Los intelectuales políticos, Buenos Aires, Nueva Visión, 1971, pp. 7-20.

Masciadri, Viviana, “La nupcialidad en Buenos Aires a mediados del siglo xx: Chascomús, La Plata y San Martín”, Papeles de Población, vol. 23, n° 92, 2017, pp. 105-150.  

Mora y Araujo, Manuel, “Viejas y nuevas elites” y “Las clases medias consolidadas”, en J. L. Romero y L. A. Romero (dirs.), Buenos Aires. Historia de Cuatro Siglos, Altamira, 2000, pp. 239-257.  

Quién es Quién en la Argentina. Biografías contemporáneas, Buenos Aires, Guillermo Kraft, ediciones de 1939, 1943, 1955 y 1968.

Saítta, Sylvia, “Modos de pensar lo social. Ensayo y sociedad en la Argentina (1930-1965)”, en M. Plotkin y F. Neiburg (comps.), Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento social en la Argentina, Buenos Aires, Paidós, 2004, pp. 107-146.

Sautu, Ruth, “Factores sociales de la regularidad en los estudios en la Universidad de Buenos Aires”, pp. 27-70, en G. Germani y R. Sautu, Regularidad y origen social en los estudiantes universitarios, en Investigaciones y Trabajos del Instituto de Sociología, FFyL-UBA, 1965, pp. 1-70. 

Tarcus, Horacio, Diccionario biográfico de la izquierda argentina. De los anarquistas a la “nueva izquierda” (1870-1976), Emecé, Buenos Aires, 2007.

Tedesco, Juan Carlos, Educación y sociedad en la Argentina (1880-1945), Buenos Aires, Solar, 1986.

Torres, Horacio, “El mapa social de Buenos Aires en 1943, 1947 y 1960. Buenos Aires y los modelos urbanos”, Desarrollo Económico, vol. xviii, n° 70, 1978, pp. 163-204.

Torre, Juan Carlos, “La ciudad y los obreros”, en J. L. Romero y L. A. Romero (dirs.), Buenos Aires. Historia de Cuatro Siglos, Altamira, 2000, pp. 259-271.  

Troncoso, Oscar A., “Las nuevas formas del ocio”, en J.  L.  Romero y L. A. Romero (dirs.), Buenos Aires. Historia de Cuatro Siglos, Altamira, 2000, pp. 285-294.

Resumen / Abstract

Geografía social del ensayo argentino (1950-1960)

En las décadas de 1950 y 1960 el ensayo
sociopolítico experimentó en la Argentina una
notable expansión. Una investigación bibliográfica sobre la producción del género reveló la existencia
de un universo de 126 escritores, con una producción de 190 títulos. Un primer relevamiento prosopográfico revela que el 80% cursó sus estudios universitarios en una misma institución, la Universidad de Buenos Aires, y para la gran mayoría de ellos la Ciudad de Buenos Aires fue lugar de residencia y de desarrollo profesional. El artículo examina la distribución socioespacial de los ensayistas interrogando las posibles relaciones de correspondencia, o las “afinidades electivas”, entre sus inscripciones en la geografía de la ciudad, sus posiciones en el espacio social y en el campo de la producción cultural y sus tomas de posición política e intelectual.

 

Palabras clave: Ensayo sociopolítico - Productores culturales - Distribución socioespacial - Afinidades

 

Social Geography of the Argentine Essay (1950-1960)

In the 1950s and 1960s, sociopolitical essays experienced significant expansion in Argentina. A bibliographic study of the genre’s production revealed the existence of a universe of 126 writers with a total output of 190 titles. A preliminary prosopographic survey reveals that 80% pursued their university studies at the same institution, the University of Buenos Aires, and that for the vast majority, the city of Buenos Aires was both their place of residence and the center of their professional development. This article examines the socio-spatial distribution of essayists, questioning the possible relationships of correspondence or “elective affinities” between their placement within the city’s geography, their positions in social space and in the field of cultural production, and their political and intellectual stances.

 

Keywords: Sociopolitical Essay - Cultural Producers - Socio-spatial Distribution - Affinities  

 

 

Fecha de recepción del original: 26/3/2025

Fecha de aceptación del original: 20/8/2025

 

 



* Una primera versión de este trabajo fue presentada como Conferencia intermediaria en el 6.to Congreso de Historia Intelectual de América Latina, San Pablo, en julio de 2023. Otra versión fue incluida en el volumen de mi autoría Litígios intelectuais. Ensaios de interpretação sociológica, que será publicado en breve por la Editorial de la Universidad de San Pablo (edusp). Agradezco a los evaluadores del artículo sus comentarios y sugerencias.

** ablanco@unq.edu.ar. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0333-831X.

[1] Juan Francisco Marsal, “Contribución a una bibliografía del ensayo argentino y mexicano contemporáneo 1955-1969”. Documento de Trabajo número 66, Centro de Investigaciones Sociales, Instituto Torcuato Di Tella, 1969.

[2] Juan Francisco Marsal, “Introducción”, en J. F. Marsal y otros, Los intelectuales políticos, Buenos Aires, Nueva Visión, 1971, p. 14.

[3] El perfil social de los ensayistas fue reconstruido con el auxilio de diversos diccionarios biográficos, además de currículos, obituarios, legajos y textos de homenaje. Vicente Osvaldo Cutolo, Historiadores argentinos y americanos (1963-1965), Casa Pardo, Buenos Aires, 1966; Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930), Elche, Buenos Aires (8 volúmenes), 1968, y Novísimo diccionario biográfico argentino, 1930-1980, Elche, Buenos Aires, 2004; Quién es Quién en la Argentina, Buenos Aires, Guillermo Kraft, ediciones de 1939, 1943, 1955 y 1968; Horacio Tarcus, Diccionario biográfico de la izquierda argentina. De los anarquistas a la “nueva izquierda” (1870-1976), Emecé, Buenos Aires, 2007; Alejandro Cattaruzza, Julio Melon Pirro, Claudio Panella, Mercedes Prol, Darío Pulfer y Raanan Rein (coords.), Diccionario del peronismo, 1955-1969 (primera entrega), San Martín, unsam-cedinpe, 2021, y Diccionario del peronismo, 1955-1969 (segunda entrega), San Martín, unsam-cedinpe, 2022. La “encuesta” que se aplicó al universo de análisis fue llevada a cabo seleccionando como variables pertinentes: a) edad, b) origen social (escolaridad y profesión de los padres), c) origen geográfico, d) grado de escolaridad alcanzado, e) ocupación, f) posiciones ocupadas en el campo de la producción cultural, g) cantidad de títulos publicados y editoriales de publicación, h) afiliación política, i) lugar de residencia, y j) casamiento e hijos.

[4] Gino Germani, Estructura social de la Argentina. Análisis estadístico, Buenos Aires, Raigal, 1955; Ana María Eichelbaum de Babini, “La desigualdad educacional en la Argentina”, en J. F. Marsal (comp.), Argentina conflictiva. Seis estudios sobre problemas sociales argentinos, Buenos Aires, Paidós, 1972. 

[5] El corpus de revistas utilizado como referencia para cuantificar la participación relativa de hombres y mujeres fue elaborado por Emiliano M. Álvarez en su tesis doctoral “El campo de las revistas culturales y su lugar en la construcción de una nueva legitimidad intelectual: 1946-1960” (fcs-uba, 2022) y está integrado por las siguientes publicaciones: Hechos e Ideas, Continente, Cultura, Latitud 34, Sexto Continente, Los Anales de Buenos Aires, Buenos Aires Literaria, Realidad, Centro, Contorno, Imago Mundo, Revista del Mar Dulce, Nueva Expresión, Cuadernos de Cultura, Capricornio, Ventana de Buenos Aires, Gaceta Literaria y Por. Revista Mensual de Cultura.

[6] Cristophe Charle, “Pour une histoire sociale des professions juridiques à l’époque contemporaine. Note pour une recherche”, Actes de la Recherche en Sciences Sociales, n° 76-77, 1989.

[7] La relación entre el éxito escolar y la posición del estudiante en el seno de la fratría fue destacada en una investigación pionera en sociología de la educación realizada por la socióloga Ruth Sautu bajo la dirección de Gino Germani. Ruth Sautu, “Factores sociales de la regularidad en los estudios en la Universidad de Buenos Aires”, en G. Germani y R. Sautu, Regularidad y origen social en los estudiantes universitarios, en Investigaciones y Trabajos del Instituto de Sociología, ffyl-uba, 1965. Al examinar los factores asociados a la “regularidad” con la que los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires cumplían con sus estudios constató que aquellos que lograban hacerlo a un ritmo paralelo (o superior) al establecido por el plan de estudios eran los hijos únicos o primogénitos de la fratría, independientemente de si el padre acreditaba o no formación universitaria, revelando así la incidencia comparativamente mayor de esta variable en relación con la herencia cultural, medida por el nivel educativo del padre.

[8] Germani, Estructura social de la Argentina, p. 58.

[9] Juan Carlos Tedesco, Educación y sociedad en la Argentina (1880-1945), Buenos Aires, Solar, 1986.

[10] En el contexto de América Latina, la vida intelectual en México exhibe un grado comparativamente muy similar de concentración geográfica y consecuente centralización intelectual. Más de un tercio de los intelectuales mexicanos del siglo xx nacieron en la Ciudad de México, cuya población en 1950 representaba apenas el 14% del total; la gran mayoría de ellos se educaron en la misma institución preparatoria, la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México, y en una misma institución de educación superior, la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), y más del 90% estableció la capital del país como su lugar de residencia. Roderic Ai Camp, Los intelectuales y el Estado en el México del siglo xx, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 1988.

[11] Germán Kratochwill, Silvia Karp y Sofía Uranga, Frenos económicos y sociales para la educación. Buenos Aires, Líbera, 1967.

[12] Germani, Estructura social de la Argentina.

[13] Un total de setenta y seis editoriales publican las obras del género aquí analizado, la mayoría de ellas espacialmente localizadas en el centro de la ciudad.

[14] Juan Carlos Torre, “La ciudad y los obreros”, en J. L. Romero y L. A. Romero (dirs.), Buenos Aires. Historia de Cuatro Siglos, Buenos Aires, Altamira, 2000.  

[15] Un excelente cuadro sociológico de la ciudad durante el período comprendido entre 1930 y 1970 en Manuel Mora y Araujo, “Viejas y nuevas elites” y “Las clases medias consolidadas”, en J. L. Romero y L. A. Romero (dirs.), Buenos Aires. Historia de Cuatro Siglos; Torre, “La ciudad y los obreros”. Sobre la ciudad y sus barrios en las décadas de 1950 y 1960, véase Florencio Escardó, Nueva geografía de Buenos Aires, Buenos Aires, Américalee, 1971, y Ernesto Goldar, Buenos Aires. Vida cotidiana en la década de 1950, Buenos Aires, Plus Ultra, 1992.

[16] Oscar A. Troncoso, “Las nuevas formas del ocio”, en J. L. Romero y L. A.  Romero (dirs.), Buenos Aires. Historia de Cuatro Siglos.

[17] El enfoque analítico adoptado se apoya en Christophe Charle, “Situation spatiale et position sociale [essai de géographie sociale du champ littéraire à la fin du xixème siècle]”, Actes de la recherche en sciences sociales. vol. 13, 1977.

[18] Horacio Torres, “El mapa social de Buenos Aires en 1943, 1947 y 1960. Buenos Aires y los modelos urbanos”, Desarrollo Económico, Vol. xviii, n° 70, 1978, p. 179.

[19] Colegio Nacional de Buenos Aires (cnba), Colegio Marista Champagnat, Escuela Argentina Modelo.

[20] José Luis de Imaz, La clase alta de Buenos Aires, Instituto de Sociología, Universidad de Buenos Aires, 1962.

[21] Alejandro Blanco, “El Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Di Tella y el proyecto de una ciencia social en sintonía con el mundo”, en C. Altamirano, Aventuras de la cultura argentina en el siglo xx, Siglo XXI, 2024.

[22] Esa amalgama de compromiso científico y político es una propiedad estructural de la sociología, que históricamente ha combinado un alto grado de especialización de sus esquemas conceptuales y técnicas de investigación con una selección política de sus objetos, lo que ciertamente le ha conferido ese alto grado de consagración intelectual y notoriedad pública que ha sido característico de su trayectoria.

[23] Germán Kratochwill, “Estado actual de la sociología en Argentina”, Revista Latinoamericana de Sociología, vol.6, n° 1, 1970.

[24] Confirmado, año I, nº 11, 16 de julio de 1965, p. 42.

[25] Confirmado, año I, nº 16, 19 de agosto de 1965, p. 48.

[26] En rigor, seis de los ocho ensayistas del universo de análisis que acreditan formación en ciencias económicas se ajustan a este perfil social y escolar (aunque no están incluidos en este cuadro dada la falta de información sobre su domicilio o lugar de residencia): además de Isacovich, Cafiero y Fuchs, Alexis Latendorf (1928-2007), José Rodríguez Tarditi (1901-) y Juan Carlos Esteban (1926-2013). Las excepciones son Rodolfo Puiggrós (1906-1980) y Alfredo Arturo Kölliker Frers (1918-1976), hijos de empresario y de científico respectivamente. Aunque sorprendente, este perfil social de nuestros ensayistas economistas resulta congruente con algunas de las características del patrón de reclutamiento social típico de esa casa de estudios. En efecto, y según los resultados de una investigación de Gino Germani sobre el origen social de los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires, la Facultad de Ciencias Económicas se diferenciaba netamente del resto de las facultades por una más alta proporción de hijos de obreros y por el más bajo porcentaje de estudiantes con familiares universitarios. Gino Germani, “Informe preliminar del Instituto de Sociología sobre las encuestas entre estudiantes universitarios”, Centro, vol. 12, 1956. 

[27] Los matrimonios de Juan Antonio Solari y de Américo Ghioldi podrían ser alzados a la condición de alianzas paradigmáticas. Ambos se casaron con mujeres de la misma condición social y con trayectorias que, como las de sus cónyuges, adoptaron la vía escolar como medio de promoción social. El primero lo hizo con Herminia Catalina Brumana (1897-1954), hija de inmigrantes italianos, graduada en Escuela Normal, maestra, periodista y escritora; el segundo con Delfina Varela Domínguez (1895-1989), también maestra salida de una Escuela Normal y posteriormente graduada universitaria en la ffyl/uba, profesora de enseñanza media y universitaria durante treinta años y autora de numerosos ensayos sobre educación e historia.    

[28] Américo Ghioldi fue director del quincenario Acción Socialista (1923/1929) y de La Vanguardia (1925 –con intervalos– hasta 1946). Juan Antonio Solari dirigió el periódico Bases. Tribuna de la Juventud (1919/1920), fue redactor de El Sol (La Plata, 1924/1927), periódico de la Federación Socialista Bonaerense, director del Anuario Socialista (1925) y redactor (1928) y luego director (1934/1936) de La Vanguardia (1934/1936). Desde 1954 fue director de la editorial Bases. Héctor Agosti dirigió las revistas Juventud Comunista (1928/1930), Bandera Roja (1932), Orientación (1939) y Nuestra Palabra, y por dos períodos (1951/1964 y 1967/1976) dirigió la revista más importante del pca, Cuadernos de Cultura. Fue, asimismo, redactor de los diarios Crítica y Clarín y dirigió la Editorial Problemas, y fue asesor de otras editoriales comunistas como Lautaro y Procyón. Jaime Fuchs colaboró en el diario del Partido Comunista La Hora y dirigió la revista Problemas de Economía, publicada por la Comisión de Estudios Económicos del Partido Comunista Argentino.

[29] Viviana Masciadri, “La nupcialidad en Buenos Aires a mediados del siglo xx: Chascomús, La Plata y San Martín”, Papeles de Población, vol. 23, n° 92, 2017.

[30] Puiggrós no concluyó sus estudios de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas de la uba; Sebreli abandonó los suyos en la Facultad de Filosofía y Letras de la uba; Orgambide no terminó la escuela primaria; Carpani abandonó los estudios de Derecho en la uba; Astesano se recibió de abogado tardíamente, a los treinta y tres años, en la Universidad Nacional del Litoral, y no ejerció la profesión; tampoco la ejerció Spilimbergo, graduado en Derecho en la uba; Ramos fue expulsado del cnba  en tercer año por motivos de agitación política y concluyó su educación secundaria en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda; Jauretche fue expulsado del Colegio Nacional de Chivilcoy y más tarde de la Facultad de Derecho.

[31] Ramos (hijo único, cnba y Colegio Nacional Nicolás Avellaneda); Spilimbergo (hijo único, cnba); Sebreli (hijo único, Escuela Normal de profesores Mariano Acosta); Puiggrós (primogénito y pupilo en el Colegio Carmen Arriola de Marín); Jauretche (primogénito, Colegio Nacional de Chivilcoy y Colegio Nacional Mariano Moreno); Carpani (benjamín, Colegio Nacional Bernardino Rivadavia).   

[32] Revolución y contrarrevolución en la Argentina, de Jorge Abelardo Ramos, publicado en 1957, figura entre uno de los cinco ensayos más vendidos de ese año según la memoria de la Cámara Argentina del Libro. Los profetas del odio (1957), de Arturo Jauretche, alcanzó a dos meses de su lanzamiento una segunda edición de 250.000 ejemplares. El medio pelo en la sociedad argentina, del mismo autor, agotó la primera edición (1966) de 5000 ejemplares en el primer mes y en los seis meses comprendidos entre diciembre de 1966 y julio 1967 aparecieron nueve ediciones. Véase Sylvia Saítta, “Modos de pensar lo social. Ensayo y sociedad en la Argentina (1930-1965)”, en M. Plotkin y F. Neiburg (comps.), Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento social en la Argentina, Buenos Aires, Paidós, 2004. Buenos Aires, vida cotidiana y alienación, de Juan José Sebreli, publicado en 1964, vendió 30.000 ejemplares en un año y en octubre de 1965 se había agotado la octava edición, con la suma de 40.000 ejemplares vendidos.

[33] La edad de los agentes ha sido establecida tomando como referencia el año 1960.

[34] Adrián Gorelik, “El camino que lleva a la ciudad. Juan José Sebreli, una memoria de Buenos Aires”, Políticas de la Memoria, n° 13, Buenos Aires, cedinci, 2013.