¿El premio más revolucionario?

Las venas abiertas de América Latina
y el Premio Casa de las Américas de 1971*

 

Carlos Aguirre

 

Universidad de Oregon

Eduardo Galeano terminó de escribir Las venas abiertas de América Latina durante los meses finales de 1970 para poder presentarlo al Premio Casa de las Américas de 1971, en la categoría de ensayo, cuyo plazo vencía el 31 de diciembre.[1] Al revelarse el veredicto del jurado, el 12 de febrero de 1971, se anunció como ganador al peruano Manuel Espinoza García, con un trabajo titulado La política económica de los Estados Unidos entre 1945 y 1961, mientras que el ensayo de Galeano apenas obtuvo una mención, es decir, fue valorado por el jurado, pero no lo suficiente como para obtener el prestigioso premio de la institución cultural más importante de la Revolución cubana. Este hecho, aparentemente anecdótico, adquiere un sentido más integral si se lo analiza, como intento hacer en este artículo, en el interior de una época plagada de acontecimientos y debates en torno a la Revolución cubana, que tuvieron su punto culminante, precisamente, en 1971, ese año decisivo cuya “anatomía” ha reconstruido Jorge Fornet en un libro fundamental.[2] Las circunstancias que rodeaban los premios literarios en Cuba venían siendo objeto de intensos debates y escrutinio desde al menos 1968, a raíz de las polémicas causadas por los premios de la Unión Nacional de Escritores y Artistas (uneac) a Heberto Padilla y Antón Arrufat, y el Premio Casa de las Américas a Norberto Fuentes.[3] En 1970, por ejemplo, se dejó de lado la invocación a los jurados a premiar la excelencia de los trabajos, no las posiciones políticas de los autores ni la sintonía de los textos con la Revolución cubana, y se optó por una formulación bastante más restrictiva, que buscaba convertir el Premio Casa de las Américas en “el premio más revolucionario”, como expresó Haydée Santamaría, presidenta de Casa de las Américas, en la instalación del jurado correspondiente a ese año.[4]

Tanto la trayectoria intelectual y política de Galeano –quien fue miembro de ese jurado en 1970– como el tema de Las venas abiertas de América Latina sintonizaban con la mirada crítica a la historia latinoamericana y las perspectivas de un futuro socialista para la región que promovía la Revolución cubana. Dejando de lado juicios rotundos sobre la calidad de los trabajos de Espinoza García y de Galeano, no ha dejado de llamar la atención a historiadores y otros estudiosos que el jurado optara por el primero y no por un ensayo que, con el tiempo, probaría ser tan influyente y representativo de esa tradición intelectual revolucionaria y antiimperialista que invocaba Santamaría. Este artículo se propone explicar el hecho (aparentemente) anecdótico de que el libro de Galeano no fuera premiado en 1971, situándolo en el contexto de los debates y dilemas de la Revolución, así como en la difícil coyuntura que se vivía en Cuba en 1971.

Galeano y Cuba

Nacido en Montevideo en 1940, Eduardo Galeano se identificó desde la adolescencia con los ideales socialistas, al tiempo que iniciaba su prolífica trayectoria como periodista, escritor y animador de diarios y revistas de izquierda. A comienzos de la década de 1960, fue jefe de redacción del semanario Marcha, escribió su primera novela y viajó a la Unión Soviética y a China.[5] Fue un entusiasta defensor de la Revolución cubana desde su inicio y visitó la isla por primera vez en 1964, oportunidad en la que entrevistó al Che Guevara.[6] Luego escribiría un breve artículo resaltando los logros de la Revolución, la ausencia de sectarismo, la fortaleza y los sacrificios de los cubanos, y la espontaneidad con la que se llevaba a cabo el proceso de transformación.[7] En 1967, pasó varios meses en Guatemala investigando las acciones de las guerrillas y escribió artículos y reportajes, luego reelaborados y reunidos en un libro que se puede considerar, temática y estilísticamente, un claro antecedente de Las venas abiertas.[8]

Galeano visitó Cuba por segunda vez en enero de 1968, para participar en el Congreso Cultural de La Habana, una reunión de intelectuales de todo el mundo convocada por el Gobierno cubano con el tema general “Colonialismo y neocolonialismo en el desarrollo cultural de los pueblos”.[9] La resolución final del Congreso enfatizó la necesidad de que los intelectuales asumieran un compromiso efectivo con la Revolución, tanto en Cuba como en el resto del mundo colonial y neocolonial, y reafirmó la tesis, ya enunciada en la Conferencia Tricontinental de 1966, de que la única vía hacia la liberación nacional era la lucha armada. Galeano volvería a Cuba para participar como jurado del Premio Casa de las Américas de 1970 en la categoría cuento. El jurado del Premio, cuya primera edición tuvo lugar en 1960, se reunía habitualmente en el mes de enero, pero en 1970 se postergó hasta junio, pues el personal de Casa de las Américas debía participar en el “esfuerzo decisivo” para alcanzar la zafra de diez millones de toneladas de azúcar, objetivo fijado por el gobierno revolucionario para promover la participación ciudadana, recuperar el entusiasmo popular y aliviar la economía golpeada por el embargo estadounidense. El objetivo, sin embargo, no se cumplió. Cuando se reunió el jurado en La Habana, la situación en Cuba era de desasosiego e incertidumbre. Según Galeano, “la Revolución vivía su hora más difícil. La zafra de los diez millones había fracasado. La concentración de esfuerzos en la caña de azúcar había dejado chueca la economía del país”.[10]

Las venas abiertas de América Latina

La ficha biográfica de Eduardo Galeano preparada por Casa de las Américas en ocasión de su incorporación como jurado en el Premio de 1970 y fechada en enero de ese año indicaba: “En la actualidad, se encuentra trabajando en un libro sobre los diversos modelos imperialistas de explotación de América Latina”.[11] Ese libro, que luego sería Las venas abiertas, fue concebido y escrito bajo el influjo de tres procesos político-intelectuales que marcaron decisivamente la década de 1960. Primero, la Revolución cubana y el sismo político e ideológico que generó en América Latina. Para muchos intelectuales, incluyendo al joven Galeano, la Revolución cubana inauguraba un camino hacia la liberación nacional y el socialismo por el que el resto de América Latina tendría que transitar. Segundo, los debates en torno al imperialismo y la dominación que, aunque se remontaban a los años finales del siglo xix y las primeras décadas del xx con autores como José Martí, Julio Antonio Mella, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alfredo Palacios y otros, se reavivaron bajo nuevas premisas en la década de 1960 a través de las interpretaciones dependentistas, una variante del pensamiento crítico que ponía el énfasis en los procesos externos de dominación. Autores como Sergio Bagú, Fernando Henrique Cardoso, Enzo Faletto, Theotonio dos Santos, Aníbal Quijano y André Gunder Frank se convirtieron en referencias clave para entender el subdesarrollo latinoamericano.[12] Tercero, los debates en torno al rol de los intelectuales en los procesos de cambio revolucionario y liberación nacional sirvieron de catalizador para muchos escritores que, como Galeano, buscaban poner su trabajo al servicio de la revolución y el cambio social. Como ha discutido ampliamente Claudia Gilman en un libro esencial para entender ese período, los escritores latinoamericanos identificados con la izquierda debatían arduamente las relaciones entre arte y compromiso, es decir, entre la fidelidad a su libertad creativa y la necesidad de contribuir a los proyectos colectivos de transformación social.[13] Galeano concibió Las venas abiertas no como un producto artístico o una monografía académica, sino como un “ensayo militante”, es decir, una interpretación del pasado latinoamericano que fuera, a la vez, una contribución a las luchas sociales y políticas en favor de la justicia y la soberanía. Intentaba así responder al “dilema” del intelectual revolucionario, mostrando que era posible ejercer el oficio de escritor y, al mismo tiempo, contribuir de manera efectiva al cambio social: “La literatura es un arma. Somos responsables de lo que hacemos de esa arma […] se puede hacer una literatura cómplice, pero también se puede hacer una literatura que nos ayude, a todos, a cambiar”.[14]

Cuando Galeano viajó a Cuba en junio de 1970, llevaba, según su propia versión, cuatro años trabajando “en un libro de economía política […] metido hasta las orejas estudiando economía e historia, una tarea de investigación que resultó larga y penosa”. No solo consultó libros y documentos (“los académicos no tienen de qué quejarse: hay trescientas cincuenta fuentes documentales”, diría después), sino que también visitó diversos países de América Latina para documentar la dolorosa realidad en que vivían las poblaciones menos favorecidas.[15] Durante su estadía como jurado en el Premio Casa de las Américas, tuvo conversaciones con otros intelectuales con relación a su proyecto,[16] pero también sobre los desafíos que enfrentaba la Revolución cubana y las tensiones dentro del campo intelectual cubano y latinoamericano, que inevitablemente permeaban el trabajo, los debates y las decisiones de los jurados.[17]

Esos contactos y diálogos lo llevaron al convencimiento no solo de la importancia y la pertinencia de su trabajo, sino también de la utilidad que este podía tener como aporte a los debates, dentro de los distintos sectores revolucionarios en Cuba y en América Latina, en torno al tipo de socialismo que se buscaba construir. Galeano no era ajeno a las pugnas que existían en Cuba entre posiciones ortodoxas e incluso autoritarias defendidas por publicaciones como Verde Olivo o funcionarios intelectuales como Leopoldo Ávila (seudónimo de Luis Pavón) y otras posturas, menos rígidas y más dialogantes con distintas corrientes del pensamiento crítico y la creación literaria. Regresó a Montevideo con una sensación de urgencia por concluir su libro y presentarlo al Premio Casa de 1971: “Escribí el libro para poder llegar a tiempo al concurso Casa. Recoge cuatro años de viajes y andares, que cristalizaron en ese libro escrito en noventa noches”.[18] Aunque Galeano repetiría muchas veces que escribió el libro en tres meses, lo cierto es que ya tenía escritas algunas secciones antes de su visita a Cuba.[19]

Galeano terminó de escribir el libro a finales de diciembre de 1970. El 30 de ese mes publicó un fragmento en El Oriental de Montevideo con el título “La Revolución cubana ante la estructura de la impotencia”.[20] Unos días antes, en carta desde Montevideo a sus colegas de Casa de las Américas, Mario Benedetti les hizo saber, con evidente entusiasmo, que había hablado con Galeano y “parece que se presenta al concurso (género: ensayo), con un libro de envergadura (cerca de 400 páginas)”.[21] No resulta difícil imaginar que tanto Benedetti como el personal de Casa de las Américas veían con buenos ojos la candidatura de Galeano: la trayectoria del autor, su probada fidelidad a la Revolución y el tema del ensayo lo convertían en un serio aspirante al Premio. La decisión final, sin embargo, estaba en manos del jurado.

En busca del premio más revolucionario

Las actividades del Premio Casa de las Américas de 1971 se iniciaron en La Habana el 1° de febrero y las deliberaciones tuvieron lugar en la ciudad de Trinidad. El jurado en la categoría ensayo estuvo conformado por José Luciano Franco, historiador cubano, autodidacta, especialista en esclavitud y con cierta influencia marxista; Jaime Mejía Duque, crítico literario colombiano de izquierda; y el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy, adscrito a la corriente conocida como “filosofía de la liberación”, exmilitante del Movimiento Social Progresista y, desde 1970, asesor en materia educativa del gobierno nacionalista militar presidido por Juan Velasco Alvarado. El libro ganador, escogido por unanimidad entre los veintitrés concursantes, resultó ser el ya mencionado La política económica de los Estados Unidos hacia América Latina entre 1945 y 1961, del abogado peruano Manuel Espinoza García, sobre quien los anuncios oficiales y periodísticos de la época no ofrecen datos biográficos.[22] El informe del jurado justificó así el premio:

Tema de alcance continental que responde a la necesidad del público latinoamericano de tomar conciencia del proceso del imperialismo en la etapa estudiada. Sólida base teórica y científica con consecuente aplicación del método marxista. Documentación amplia y selecta con uso de una bibliografía debidamente actualizada.[23]

Dos criterios parecen haber inclinado la balanza a favor del libro de Espinoza García: el supuesto carácter “científico” del análisis y la “aplicación del método marxista”. Sin embargo, más que sobre una “sólida base teórica y científica”, el libro reposa sobre un marco conceptual bastante convencional, tributario de algunos discursos simplistas al uso por esos años. Según el autor, por ejemplo, se estaba produciendo una “cada vez mayor participación de las mayorías latinoamericanas en el proceso político de la región”, y eso se explicaba por el “agudizamiento de las contradicciones que en el interior del mundo capitalista existen entre los países de economía dominante y los de economía dominada”. Las “ciencias sociales burguesas”, afirmaba, son culpables de ocultar el hecho de que “la situación imperante en el mundo ‘subdesarrollado’ está íntimamente vinculada a las relaciones político-económicas que lo unen con el mundo ‘desarrollado’”. El sustento teórico del libro es, en el mejor de los casos, elemental. El autor incluye solamente quince referencias bibliográficas, entre las que destacan autores norteamericanos cercanos al marxismo como los economistas Paul Baran, Paul Sweezy y Harry Magdoff (todos ellos vinculados a la importante revista Monthly Review) y el sociólogo C. Wright Mills. Ninguno de los autores clásicos del marxismo aparece citado. La documentación empírica tampoco es demasiado abundante: algunos materiales de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal), otros del Departamento de Comercio de Estados Unidos y unos cuantos más.

En la estimación del jurado, el libro de Espinoza García reflejaba las “necesidades” de las masas latinoamericanas y ofrecía una visión científica y pretendidamente “marxista” que, supuestamente, serviría mejor la causa de la revolución. Los libros ganadores en otras categorías merecieron valoraciones similares. El jurado de cuento seleccionó Ojo por diente, del paraguayo Rubén Bareiro Saguier:

El libro articula con sostenida calidad estética, no exenta de originalidad, poesía y aciertos formales, una temática vigorosa y hondamente humana que expresa con valor documental las luchas liberadoras de los pueblos de la América Latina, así como otros aspectos de su problemática actual.

En la categoría novela se premió al cubano Manuel Cofiño por La última mujer y el próximo combate: “Excelente calidad literaria, muy bien construida, con elementos formales de interés, con un hondo contenido humano y social. Su temática enfoca un momento actual de la Revolución Cubana, mirándola con espíritu creador”. En teatro, el ganador fue el cubano Raúl Macías Pascual por Girón. Historia verdadera de la Brigada 2506, en el que “logró desenmascarar la verdad íntima de un hecho histórico reciente y de profunda significación política y revolucionaria”.[24] La reiteración de los méritos “revolucionarios” de los libros ganadores resulta más que reveladora del clima político en que se produjeron las deliberaciones de los jurados.

Las venas abiertas de América Latina obtuvo una mención, es decir, una especie de segundo lugar, compartido con el libro del sociólogo ecuatoriano Agustín Cueva El proceso de dominación política en Ecuador.[25] Si comparamos la envergadura del esfuerzo de investigación e interpretación del libro de Galeano con la del de Espinoza García, la diferencia es notable: este último estudiaba un período de dieciséis años de política económica de los Estados Unidos en América Latina, mientras que Las venas abiertas abarcaba quinientos años de historia del continente. Esa diferencia quedaba reflejada también en el aparato documental y bibliográfico, bastante más exhaustivo en el libro de Galeano que en el libro ganador.

Las decisiones de los jurados son difíciles de explicar sin tener acceso a las deliberaciones, pero la lectura de los textos justificativos deja en claro que se buscó premiar libros que, a criterio de los jurados, reflejaban una clara identificación con las necesidades de la Revolución cubana y de los proyectos revolucionarios latinoamericanos en general. En el caso del premio de ensayo, además, se enfatizaban las credenciales “marxistas” del libro seleccionado como ganador. Al lado de los supuestos méritos del libro de Espinoza García habría que considerar los “defectos” que, es lícito especular, el jurado habría identificado en Las venas abiertas. Muchos años después, en 1994, Galeano le dijo a Jorge Ruffinelli que “el jurado la descalificó porque no era una obra que se ajustara a las reglas del género ensayo y sin embargo es lo más parecido a un ensayo que yo he escrito desde que escribo”.[26] En otra entrevista, esta vez de 2012, diría que “aquel jurado de prestigiosas figuras de la izquierda, según supe después, consideró que el libro no era lo suficientemente serio como para recibir el Premio. Era un período en el que todavía la izquierda confundía la seriedad con el aburrimiento”.[27] Es imposible saber si estas “explicaciones” a la decisión del jurado son verídicas, si las inventó Galeano o alguien cercano a él, o si simplemente se dedujeron por oposición a la justificación esgrimida para premiar el libro de Espinoza García. Lo que sí es innegable es que el estilo narrativo creativo y abierto de Galeano no calzaba con la tendencia predominante en la ensayística de corte histórico y, especialmente, en aquella influida por el marxismo, en la que se ponían por delante el análisis de las estructuras y las explicaciones supuestamente “científicas” (con las citas de rigor que le daban autoridad) y se veían con cierto desdén la descripción de episodios y las experiencias individuales de los actores sociales, supuestamente más cercanas a la narrativa de tipo literaria que a la disciplina histórica. Por otro lado, como han subrayado tanto Jorge Fornet como Rafael Rojas, Galeano citaba en su libro a autores como K. S. Karol y René Dumont, críticos de algunos aspectos de la Revolución cubana y que fueron mencionados por Roque Dalton, en su carta de 1970, como parte del “cerco ideológico” contra la Revolución.[28] La heterodoxia estilística de Galeano iba acompañada de una apertura a autores y corrientes que, en la visión de algunos, pertenecían al campo “enemigo”. Pese a todo, el jurado no podía ignorar el valor del libro de Galeano y decidió reconocerlo con una mención.

Recibir dicha mención en el Premio Casa de las Américas no representaba ningún demérito, por supuesto, pero la noticia debió ser recibida con decepción no solo por Galeano, sino también por sus amigos y colegas en dicha institución. Una reseña de Las venas abiertas publicada en su revista puede ser leída como una reivindicación de Galeano y un abierto cuestionamiento a la decisión del jurado.[29] Para el autor de la reseña, el historiador cubano Omar Díaz de Arce, el libro de Galeano era “merecedor quizá más de un premio que de una mención en el concurso Casa de las Américas”, pues, al lado de “la brillantez y amenidad del estilo”, ofrecía una “lograda conjugación de análisis científico y encendida denuncia”. Más aún, “a diferencia de algunos economistas estructuralistas, de los que Galeano toma lo mejor, el autor […] enfoca con más objetividad la dialéctica de las relaciones de producción en el continente”.[30] Díaz de Arce parece estar defendiendo no solo la calidad literaria del libro de Galeano, sino también sus credenciales marxistas, aparentemente inadvertidas por el jurado. Y para que no quedara ninguna duda de sus méritos, termina conectándolo con las luchas revolucionarias del presente: “Las fuerzas del cambio social, cuyo estudio escapa naturalmente al libro de Galeano, están como presentes detrás de este drama, se asoman por las rendijas de esta antología del despojo, anunciando sin palabras una revolución incontenible”.[31]

El Caimán Barbudo, órgano de la Unión de Juventudes Comunistas, publicó en abril de 1972 otra reseña de Las venas abiertas, escrita por el cubano Alberto Díaz Méndez. Los elogios son superlativos:

La interpretación de la información es brillante; no hay otro calificativo. Nuestro atraso, subdesarrollo y dependencia –estadío engendrado por el desarrollo del capitalismo como sistema mundial– quedan al desnudo, en su osamenta, en la mesa de disección de Eduardo Galeano.[32]

Las venas abiertas, dice el autor, “busca la génesis misma de nuestro atraso y dependencia actual con una convicción científica de que esto es necesario”, y conlleva “la actividad científica de desmitificar nuestra compleja y nunca bien ponderada realidad e historia”.[33] Al igual que en la reseña publicada en Casa de las Américas, aquí también se enfatiza el carácter supuestamente científico de Las venas abiertas, que en el lenguaje de la época equivalía a reivindicar su raigambre marxista.

Las venas abiertas fue leído y evaluado dentro de un debate más amplio en torno a las credenciales revolucionarias y el rigor marxista de la producción ensayística latinoamericana. Si bien es cierto que, por su objeto de estudio, la ambición interpretativa que lo animaba y el inequívoco compromiso del autor con la Revolución, el libro de Galeano satisfacía mejor que casi cualquier otro ese reclamo por “revolucionar” los Premios que había formulado Haydée Santamaría, también lo es que la falta de ubicación precisa en el esquema disciplinario convencional (¿historia, ensayo, testimonio, literatura?) y la sospechosa inclinación por la heterodoxia estilística de Las venas abiertas llevaron al jurado a inclinarse por el libro de Espinoza García, que se parecía mucho, de hecho, a aquellos que Galeano criticaba e intentaba reemplazar: un ensayo de economía política cargado de estadísticas y escrito con una jerga académica pretendidamente marxista.

El Premio Casa de las Américas de 1971, además, tuvo lugar en un contexto de agudos debates y conflictos que venían arrastrándose desde por lo menos 1968, y que impactaron sobre la organización de los Premios de 1969 y 1970 y derivaron en un endurecimiento de la política cultural cubana. En enero de 1971 se reunió por última vez el comité de colaboración de la revista Casa de las Américas, un encuentro que puso de manifiesto las diferencias, cada vez más visibles y públicas, entre un sector “liberal” y crítico de ciertos aspectos de la Revolución y otro alineado claramente con ella.[34] Poco después, el 20 de marzo, se desencadenó el “caso Padilla” –es decir, la encarcelación del poeta Heberto Padilla y su esposa Belkis Cuza Malé, acusados de contrarrevolucionarios, su posterior liberación y la “confesión” de Padilla–, que tanto revuelo causara y que generaría una honda división en el campo intelectual latinoamericano; y en abril se reunió el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, que estableció parámetros rígidos para la política cultural de la Revolución y en cuya clausura Fidel Castro pronunciara un discurso particularmente duro contra los intelectuales que habían firmado una carta sobre Padilla, a quienes llamó “pseudoizquierdistas descarados” y “libelistas burgueses y agentes de la cia y de las inteligencias del imperialismo”.[35] El año 1971 marcó también el comienzo del llamado “quinquenio gris”, un período de endurecimiento de la política cultural cubana no solo contra los disidentes, sino también contra intelectuales marxistas heterodoxos, como fue el caso de la revista Pensamiento Crítico, que dirigía Fernando Martínez Heredia.[36] Ese mismo año se escribió y publicó la primera versión de “Calibán”, el importante ensayo de Roberto Fernández Retamar concebido al ardor de los debates en torno al caso Padilla y que, en la estela del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, postulaba el trabajo activo en favor de la Revolución como la condición sine qua non para la legitimación de los intelectuales: “Nuestra cultura es –y solo puede ser– hija de la revolución, de nuestro multisecular rechazo a todos los colonialismos”.[37] Una postura a la que varios estudiosos se han referido como “antiintelectualismo”, es decir, la idea de que el trabajo intelectual debía subordinarse a las necesidades de la Revolución y que la noción del intelectual “libre” era una entelequia burguesa, había terminado por imponerse en Cuba.[38] El libro de Galeano se leyó, publicó y discutió por primera vez dentro de esa convulsa coyuntura. Si para algunos, incluyendo a los miembros del jurado del premio de ensayo de 1971, sus credenciales revolucionarias y académicas eran dudosas, para otros, como los autores de las reseñas antes citadas, Las venas abiertas era un trabajo de primer nivel y decididamente comprometido con el cambio revolucionario. Los debates y dilemas que atravesaban a la izquierda y, más específicamente, a los intelectuales adscritos a la Revolución cubana se vieron también reflejados en la recepción que tuvo el libro de Galeano.

Las venas abiertas de América Latina se publicó en 1971 en tres países: México (Siglo XXI, 20 de agosto, tres mil ejemplares), Cuba (Casa de las Américas, noviembre, nueve mil ejemplares) y Uruguay (Universidad de la República, 7 de diciembre, cinco mil ejemplares). La edición mexicana tuvo al comienzo ventas más bien irrisorias y tardó casi dos años en agotarse;[39] la cubana, publicada por la principal institución cultural de la Revolución, que circuló solamente en la isla, tuvo un tiraje importante aunque muy por debajo del libro de Espinoza García, del cual se imprimieron veinte mil copias; la edición uruguaya, publicada por la editorial universitaria (de la que Galeano, dicho sea de paso, era director), fue un éxito de ventas y en diciembre de 1972 se publicaría una segunda edición de seis mil ejemplares.

Si la crítica académica no le prestó demasiada atención al libro, el “boca a boca” de los lectores lo convirtió en un éxito masivo de ventas.[40] En una posdata redactada en 1978, Galeano diría que “la respuesta más estimulante” a su libro no vino de los especialistas sino de los lectores de a pie:

[…] la muchacha que iba leyendo este libro para su compañera de asiento y terminó parándose y leyéndolo en voz alta para todos los pasajeros mientras el ómnibus atravesaba las calles de Bogotá; o la mujer que huyó de Santiago de Chile, en los días de la matanza, con este libro envuelto entre los pañales del bebé; o el estudiante que durante una semana recorrió las librerías de la calle Corrientes, en Buenos Aires, y lo fue leyendo de a pedacitos, de librería en librería, porque no tenía dinero para comprarlo.[41]

Sin detenernos a considerar la estricta veracidad de estas anécdotas, lo que sí es innegable es que, con el paso de los años, Las venas abiertas se abrió paso como uno de los libros más vendidos (y probablemente leídos) en la historia editorial de América Latina.

Del otro lado del espectro político, Las venas abiertas y su autor recibieron el indeseado homenaje de las dictaduras militares que llenaron de sangre y dolor buena parte del territorio latinoamericano: el libro fue censurado y su autor, detenido en su país a comienzos de 1973, tuvo luego que partir al exilio en la Argentina y España. El libro siguió su camino y se convirtió en una suerte de estandarte para decenas de miles de lectores que abrigaban la esperanza de que, algún día, América Latina dejara de sangrar. Galeano escribió en 1983: “Yo quise explorar la historia para impulsar a hacerla, para ayudar a abrir los espacios de libertad en los que las víctimas del pasado se hacen protagonistas del presente”.[42] Uno de esos protagonistas fue un guerrillero salvadoreño de veinte años que, en 1984, murió en un enfrentamiento con efectivos militares. El oficial a cargo de las tropas revisó la mochila del joven combatiente y encontró un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina atravesado por una bala.[43] o

Bibliografía

Aguirre, Carlos, “Apuntes sobre la ‘guerrillerización’ de la cultura: Las venas abiertas de América Latina, el Premio Casa de las Américas y los debates sobre los intelectuales y la revolución”, Histórica, vol. xlvi, no 1, 2022, pp. 133-176.

Anónimo, “Deben premiar lo mejor, no importa si refleje o no la revolución”, Juventud Rebelde, 16 de enero de 1968.

Anónimo, “La Revolución cubana es de todo aquel que la defienda; de todo aquel que la ame”, Juventud Rebelde, 24 de junio de 1970.

Anónimo, “Definiciones de Eduardo Galeano sobre Las venas abiertas de América Latina”, La Opinión, 8 de mayo de 1973.

Anónimo, “El último ‘round’ de Eduardo Galeano”, El Espectador, 10 de abril de 2016.

Armas Fonseca, Paquita, “La Mafalda de Eduardo Galeano”, La Jiribilla, no 559, 2012.

Casañas, Inés y Jorge Fornet, Premio Casa de las Américas. Memoria, 1960-2020, La Habana, Casa de las Américas, 2021.

Casasús, Mario, “Entrevista a Eduardo Galeano”, El Clarín de Chile, 26 de marzo de 2009.

Castro, Fidel, “Discurso en la clausura del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura”, 30 de abril de 1971, disponible en: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1971/esp/f300471e.html.

Cortázar, Julio, Cartas 4, 1969-1976, Buenos Aires, Alfaguara, 2012.

Cueva, Agustín, El proceso de dominación política en Ecuador, Quito, Ediciones Crítica, 1972.

—, El proceso de dominación política en Ecuador, La Habana, Casa de las Américas, 1979.

Dalton, Roque, “Carta a la Dirección del Partido Comunista de Cuba”, 7 de agosto de 1970, disponible en: https://rdarchivo.net/roque-dalton-archivo/letras-rd/ renuncia-de-roque-dalton-a-casa-de-las-americas/.

Díaz de Arce, Omar, “Con las venas abiertas de América Latina o la antología del despojo”, Casa de las Américas, no 72, 1972, pp. 151-153.

Díaz Méndez, Alberto, “Las venas abiertas de América Latina”, El Caimán Barbudo, no 55, 1972, pp. 27-28.

Espinoza García, Manuel, La política económica de los Estados Unidos hacia América Latina entre 1945 y 1961, La Habana, Casa de las Américas, 1971.

Fernández Retamar, Roberto, “Calibán”, Casa de las Américas, no 68, 1971, pp. 124-151.

Fornet, Ambrosio, “El quinquenio gris: revisitando el término”, Casa de las Américas, no 246, 2007, pp. 3-16.

Fornet, Jorge, El 71. Anatomía de una crisis, Raleigh, A Contracorriente, 2022.

Galeano, Eduardo, Los días siguientes, Montevideo, Alfa, 1963.

—, China 1964. Crónica de un desafío, Buenos Aires, Jorge Álvarez Editor, 1965.

—, Reportajes, Montevideo, Ediciones Tauro, 1967.

—, “Che Cuba”, en E. Galeano, Reportajes, Montevideo, Ediciones Tauro, 1967, pp. 105-112.

—, “Cuba como vitrina o catapulta”, en Eduardo Galeano, Reportajes, Montevideo, Ediciones Tauro, 1967, pp. 14-26.

—, Guatemala, país ocupado, Buenos Aires, Nuestro Tiempo, 1967.

—, “La Revolución cubana ante la estructura de la impotencia”, El Oriental, 30 de diciembre de 1970, pp. 15 y 22.

—, “Bolivia desde la plata hasta el estaño. El ascenso y la caída en cuatro siglos”, Casa de las Américas, no 67, 1971, 129-137.

—, Las venas abiertas de América Latina, Ciudad de México, Siglo XXI, 1971.

—, Las venas abiertas de América Latina, La Habana, Casa de las Américas, 1971.

—, Las venas abiertas de América Latina, Montevideo, Universidad de la República, 1971.

—, Días y noches de amor y de guerra, La Habana, Casa de las Américas, 1978.

—, “Apuntes para un auto-retrato”, Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, no 43, 1984, pp. 153-155.

—, El cazador de historias, Madrid, Siglo XXI, 2016.

—, Las venas abiertas de América Latina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2021, edición conmemorativa del 50 aniversario.

Gilman, Claudia, Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.

González Lage, Valeria, “Objetivos, discursos y protagonistas del Congreso Cultural de La Habana (1968)”, Sémata, no 31, 2019, pp. 273-276.

J. M. N. de C., “Eduardo Galeano: Las venas abiertas de América Latina”, Revista Española de la Opinión Pública, no 28, 1972, pp. 495-498.

Manrique Campos, Irma, “América Latina. Dialéctica del despojo”, Problemas del Desarrollo, vol. 3, no 11, 1972, pp. 143-145.

Rojas, Rafael, “Eduardo Galeano: historia y revisionismo”, presentación en el seminario “Las venas abiertas de América Latina. 50 años después”, Montevideo, Universidad de la República, 2021.

Ruffinelli, Jorge, “El escritor en el proceso americano. Entrevista con Eduardo Galeano”, Marcha, no 1555, 1971, pp. 30-31.

Ruffinelli, Jorge, “Eduardo Galeano: el hombre que rechazaba las certezas y las definiciones”, Casa de las Américas, no 281, 2015, pp. 128-137.

Sorá, Gustavo, Editar desde la izquierda en América Latina. La agitada historia del Fondo de Cultura Económica y de Siglo XXI, Buenos Aires, Siglo XXI, 2017.

Resumen/Abstract

 

¿El premio más revolucionario? Las venas abiertas de América Latina y el Premio Casa de las Américas de 1971

En 1971, Eduardo Galeano envió el manuscrito de Las venas abiertas de América Latina al Premio Casa de las Américas en la categoría ensayo, en el que no obtuvo el primer premio sino solo una mención. Este artículo ensaya una interpretación del hecho anecdótico de que Galeano no ganara el prestigioso premio de la institución cultural más importante de Cuba. Para ello, reconstruye la relación entre Galeano y la Revolución cubana, los entretelones que rodearon la convocatoria del Premio Casa de las Américas en un año tan complejo como 1971 y la recepción que tuvo el texto de Galeano en Cuba.

 

Palabras clave: Eduardo Galeano - Las venas abiertas de América Latina - Revolución cubana -
intelectuales - Premio Casa de las Américas

The Most Revolutionary Prize? Las venas abiertas de América Latina and the 1971 Casa de las Américas Prize

In 1971, Eduardo Galeano submitted the manuscript of Las venas abiertas de América Latina to the Casa de las Américas Prize in the essay category. He only received an honorary mention, failing to win the first prize. This article considers the anecdotal circumstances that caused Galeano not to win this prestigious award from Cuba’s foremost cultural institution. To do so, the piece reconstructs the relationship between Galeano and the Cuban Revolution, the complex political scenario in which the 1971 Casa de las Américas Prize took place, and the reception that Galeano’s book had in Cuba.

 

Keywords: Eduardo Galeano - Las venas abiertas
de América Latina
- Cuban Revolution - Intellectuals - Casa de las Américas Prize



* Este artículo es una versión abreviada y revisada de mi artículo “Apuntes sobre la ‘guerrillerización’ de la cultura: Las venas abiertas de América Latina, el Premio Casa de las Américas y los debates sobre los intelectuales y la revolución”, Histórica, vol. xlvi, no 1, 2022. Reitero aquí mi agradecimiento a Pedro Guibovich, exdirector de Histórica, por su atenta lectura del texto original; al Centro de Estudios Latinos y Latinoamericanos (cllas), al Fund for Faculty Excellence y al Departamento de Historia de la Universidad de Oregón, que facilitaron mi trabajo en varios archivos; a Vania Markarian y Marcela Echeverri, por la invitación a presentar una versión preliminar en el seminario que ha dado lugar a este dossier de Prismas; y a Jorge Coronado y Jorge Fornet, por su apoyo y comentarios.

[1] Más tarde se extendió el plazo hasta el 20 de enero de 1971.

[2] Jorge Fornet, El 71. Anatomía de una crisis, Raleigh, A Contracorriente, 2022.

 

[3] Los libros premiados por la uneac fueron Fuera del juego, de Padilla, y Los siete contra Tebas, de Arrufat. El de Fuentes fue Condenados de condado. Sobre esto, véase Aguirre, “Apuntes sobre la ‘guerrillerización’”, pp. 143-147.

 

[4] Anónimo, “La Revolución cubana es de todo aquel que la defienda; de todo aquel que la ame”, Juventud Rebelde, 24 de junio de 1970. En 1968, Santamaría había invocado a los jurados a “premiar lo que consideren mejor, no importa si refleje o no a la Revolución, porque esto es un premio de literatura y no un premio de obras que hablen solamente de la Revolución. La medida debe ser la calidad” (Anónimo, “Deben premiar lo mejor, no importa si refleje o no la revolución”, Juventud Rebelde, 16 de enero de 1968). En estos y otros textos periodísticos citados en este artículo no se registra el número de página. Los materiales fueron consultados en el Archivo Vertical de Casa de las Américas y no incluyen esa información.

 

[5] Sobre sus impresiones de China, véase Eduardo Galeano, China 1964. Crónica de un desafío, Buenos Aires, Jorge Álvarez editor, 1964. Su primera novela fue Los días siguientes, Montevideo, Alfa, 1963. 

 

[6] Eduardo Galeano, “Cuba como vitrina o catapulta”, en E. Galeano, Reportajes, Montevideo, Ediciones Tauro, 1967.

 

[7] Eduardo Galeano, “Che, Cuba”, en E. Galeano, Reportajes.

 

[8] Eduardo Galeano, Guatemala, país ocupado, Buenos Aires, Editorial Nuestro Tiempo, 1967.

 

[9] Valeria González Lage, “Objetivos, discursos y protagonistas del Congreso Cultural de La Habana (1968)”, Sémata, no 31, 2019.

 

[10] Eduardo Galeano, Días y noches de amor y de guerra, La Habana, Casa de las Américas, 1978, p. 198.

 

[11] Archivo Vertical, Casa de las Américas.

 

[12] Gunder Frank y Bagú aparecen citados varias veces en Las venas abiertas, y son mencionados en los agradecimientos.

 

[13] Claudia Gilman, Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.

 

[14] Anónimo, “Definiciones de Eduardo Galeano sobre Las venas abiertas de América Latina”, La Opinión, 8 de mayo de 1973.

 

[15] Jorge Ruffinelli, “El escritor en el proceso americano. Entrevista con Eduardo Galeano”, Marcha, no 1555, 1971, p. 30.

 

[16] “Galeano ya en julio de 1970 anunciaba en La Habana cómo su labor narrativa había pasado a un segundo término dando entrada a la actividad científica de desmitificar nuestra compleja y nunca bien ponderada realidad e historia” (Alberto Díaz Méndez, “Las venas abiertas de América Latina”, El Caimán Barbudo, no 55, 1972, p. 27).

 

[17] Sobre los entretelones del Premio Casa de las Américas de 1970, véase Roque Dalton, “Carta a la Dirección del Partido Comunista de Cuba”, 7 de agosto de 1970, disponible en: https://rdarchivo.net/roque-dalton-archivo/letras-rd/ renuncia-de-roque-dalton-a-casa-de-las-americas/.

 

[18] Paquita Armas Fonseca, “La Mafalda de Eduardo Galeano”, La Jiribilla, no 559, 2012.

 

[19] Véase, por ejemplo, Eduardo Galeano, “Bolivia desde la plata hasta el estaño. El ascenso y la caída en cuatro siglos”, Casa de las Américas, no 67, 1971, un conjunto de textos fechados en marzo de 1970 y que, con ligeras variantes, se incorporaron en la versión final del libro.

 

[20] Eduardo Galeano, “La Revolución cubana ante la estructura de la impotencia”, El Oriental, 30 de diciembre de 1970.

 

[21] Carta de Mario Benedetti a “Querida gente”, Montevideo, 24 de diciembre de 1970, Archivo Casa de las Américas.

 

[22] En la solapa del libro se informa que estudió leyes en la Universidad de San Marcos de Lima y que “ha escrito ensayos, una novela, cuentos dispersos” (Manuel Espinoza García, La política económica de los Estados Unidos hacia América Latina entre 1945 y 1961, La Habana, Casa de las Américas, 1971).

 

[23] Inés Casañas y Jorge Fornet, Premio Casa de las Américas. Memoria, 1960-2020, La Habana, Casa de las Américas, 2021, p. 83. Jaime Mejía Duque escribió el texto de la solapa del libro de Espinoza García, en el que sostuvo que “los integrantes del jurado pronto advertimos que se trataba, en su caso, de un investigador maduro, diestro en el método dialéctico”.

 

[24] Las frases citadas, con énfasis míos, han sido tomadas de Casañas y Fornet, Premio Casa de las Américas, pp. 81-82.

 

[25] Agustín Cueva, El proceso de dominación política en Ecuador, Quito, Ediciones Crítica, 1972. La edición de Casa de las Américas recién se publicaría en 1979.

 

[26] Jorge Ruffinelli, “Eduardo Galeano: el hombre que rechazaba las certezas y las definiciones”, Casa de las Américas, no 281, 2015, p. 134. Énfasis mío.

 

[27] Armas Fonseca, “La Mafalda de Eduardo Galeano”. Énfasis mío.

 

[28] Fornet, El 71, p. 47; Rafael Rojas, “Eduardo Galeano: historia y revisionismo”, presentación en el seminario “Las venas abiertas de América Latina. 50 años después”, Montevideo, Universidad de la República, 2021. Según Rojas, fueron Mejía Duque y Salazar Bondy quienes más resistencia pusieron al libro de Galeano, mientras que José Luciano Franco lo defendió. No he podido verificar la fuente de esta afirmación.

 

[29] Reveladoramente, el libro de Espinoza García no fue reseñado en Casa de las Américas.

 

[30] Omar Díaz de Arce, “Con las venas abiertas de América Latina o la antología del despojo”, Casa de las Américas, no 72, 1972, p. 151 (énfasis mío).

 

[31] Ibid., p. 153 (énfasis mío).

 

[32] Díaz Méndez, “Las venas abiertas de América Latina”, p. 28.

 

[33] Ibid., p. 27 (énfasis mío).

 

[34] En esa reunión se acordó reestructurar y ampliar dicho comité, pero luego del caso Padilla se optó por desmantelarlo. Julio Cortázar diría que durante esa reunión “me agarré fraternalmente a patadas con los compañeros cubanos” (“Carta a Ángel Rama”, 23 de marzo de 1971, en Julio Cortázar, Cartas 4, 1969-1976, Buenos Aires, Alfaguara, 2012, p. 198).

 

[35] Fidel Castro, “Discurso en la clausura del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura”, 30 de abril de 1971, consultado en: http://www.cuba. cu/gobierno/discursos/1971/esp/f300471e.html.

 

[36] Ambrosio Fornet, “El quinquenio gris: revisitando el término”, Casa de las Américas, n.o 246, 2007.

 

[37] Roberto Fernández Retamar, “Calibán”, Casa de las Américas, no 68, 1971, p. 147.

 

[38] Sobre el antiintelectualismo, véase Gilman, Entre la pluma y el fusil, capítulo 5, “Cuba, patria del antiintelectual latinoamericano”.

 

[39] Una carta de Arnaldo Orfila, director de Siglo XXI, a Galeano muestra la decepción por las escasas ventas de esa primera edición mexicana: “Querido Eduardo, aquí te envío la liquidación del libro. Como verás, el monto es poco, ya que en América Latina no existe una sólida cultura de la lectura. Confiemos que el libro tenga mejor difusión” (Anónimo, “El último “round” de Eduardo Galeano”, El Espectador, 10 de abril de 2016). Siglo XXI recién publicaría la segunda edición, “corregida y aumentada”, el 4 de marzo de 1973, con un tiraje de tres mil ejemplares. Orfila estaba casado con la arqueóloga franco-mexicana Laurette Séjourné y, según Gustavo Sorá, ambos trabajaban intensamente en la selección de autores para el catálogo de la editorial (Gustavo Sorá, Editar desde la izquierda en América Latina. La agitada historia del Fondo de Cultura Económica y de Siglo XXI, Buenos Aires, Siglo XXI, 2017, p. 188). Séjourné fue también jurado del Premio Casa de las Américas en 1970 y pasó tres meses en Cuba. Orfila lo hizo durante el mes de julio. Con seguridad, ambos se conocieron con Galeano. Al año siguiente, luego del resultado del Premio de 1971, y cuando ya estaba programada la edición uruguaya, Galeano le envió el manuscrito a Orfila, quien de inmediato lo aprobó (Mario Casasús, “Entrevista a Eduardo Galeano”, El Clarín de Chile, 26 de marzo de 2009). De hecho, el libro apareció en México antes que en Uruguay.

 

[40] Dos de las primeras reseñas académicas se publicaron en revistas de economía y sociología respectivamente: Irma Manrique Campos, “América Latina. Dialéctica del despojo”, Problemas del Desarrollo, vol. 3, no 11, 1972; y J. M. N. de C., “Eduardo Galeano: Las venas abiertas de América Latina”, Revista Española de la Opinión Pública, no 28, 1972.

 

[41] Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2021, edición conmemorativa del 50 aniversario, p. 291.

 

[42] Eduardo Galeano, “Apuntes para un auto-retrato”, Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, no 43, 1984, p. 154.

 

[43] El mencionado capitán guardó el ejemplar y, años después, se lo entregó al futbolista uruguayo James Cantero, amigo suyo, quien en 2009 lo puso en manos del propio Galeano. Véase Eduardo Galeano, El cazador de historias, Madrid, Siglo XXI, 2016, pp. 218-219.